Nadie llama “terrorista” al piloto alemán

4 de abril del 2015

Los medios están empeñados en encontrar pruebas psicológicas para justificar el accidente y rebuscan minuciosamente su pasado médico

“Piloto alemán buscó en internet la palabra suicido antes de estrellarlo”, Washington Post

“Copiloto alemán era tratado por tendencias suicidas”, New York Times

“Lubitz alertó a la escuela de vuelo de Lufthansa  de depresión severa”, Financial Times

“¿Qué lleva a la gente a cometer homicidios suicidas?”, BBC

 Así han titulado la mayoría de los medios de comunicación para tratar de explicar y justificar la muerte de 150 personas por un copiloto que decidió estrellar el avión en el que viajaban.

 Haber aprovechado el momento en el que el piloto estaba en el baño para encerrarse en la cabina de mando con seguro y chocar el avión desatendiendo los llamados del piloto y de la torre de control es sin duda algo que hace una persona con problema psicológicos. ¿Pero cómo hubieran titulado los medios si el piloto hubiera sido de tez oscura o musulmán?

“Uno empieza cediendo en las palabras y termina cediendo en los hechos”, decía Freud. Como si lo tuviesen muy claro, ningún medio de comunicación quiso usar la palabra terrorista para calificar al copiloto alemán, Andreas Lubitz. Sin embargo, en otras ocasiones y por eventos de menor gravedad, la prensa internacional no ha dudado en usar toda su artillería y calificar los hechos de terrorismo y atentado contra la seguridad, como paso en el 2005, cuando tres bombas detonaron en el Metro de Londres por presuntos suicidas matando a 50 personas.

Ningún medio ha querido usar esa palabra, “todos están haciendo un gran esfuerzo para no llamar al copiloto un terrorista”, tituló el periodista estadounidense Zak Cheney-Rice en su artículo publicado en el portal informativo MIC sobre el que baso esta columna de opinión. Los medios están empeñados en encontrar pruebas psicológicas para justificar el accidente y rebuscan minuciosamente su pasado médico, cuántas veces peleaba con la novia, cómo era con los amigos, qué dejó escrito, cuantas veces iba al médico y a qué dedicaba su tiempo libre.  Y aparece un desfile de psicólogos expertos usando nombres ostentosos para calificar  forzadamente y sin pruebas la enfermedad del copiloto. Es decir, tratando a toda costa de justificar los hechos con el nombre de la enfermedad. La culpa no fue de él, fue de su enfermedad, de la depresión que tenía, de sus tendencias suicidas… santo remedio: el problema fue del problema y no de la persona.

Sin embargo, el copiloto pasó todos los requisitos físicos y psicológicos necesarios para poder volar y según el presidente de la empresa estaba completamente apto para ejercer su rol. Por ende concluir que su enfermedad mental tuvo algo que ver con el accidente es irresponsable. Además hay poca relación entre los síntomas de una depresión severa y este tipo de ataques y tampoco se puede llamar suicidio cuando detrás va la vida de 150 personas.

Pero se juntan los psicólogos y los medios a inventar realidades y emitir juicios que moldean la opinión pública y esconden responsabilidades. ¿Cómo hubiese sido el cubrimiento si el copiloto hubiese sido árabe? ¿Acaso ellos no tienen desequilibrios mentales ni sufren de depresión?

“Los asesinos blancos tienen el beneficio de la humanización”, manifestó el periodista americano expandiendo su crítica al cubrimiento de los medios: “trastornado, si; con problemas mentales, seguramente, ¿pero terrorista? Ese término es reservado a un tipo de personas especiales, alguien con la piel morena, con un nombre extraño, con raíces del Medio Oriente o el Norte de África y con un discurso anti occidental en medios sociales, probablemente escrito en árabe”.

Los hombres blancos tienen otros nombres, como se comprueba al ver el tipo de calificativos que reciben asesinos que acaban con la vida de decenas de niños en los colegios, ponen bombas en iglesias o matan a hombres de color sin ninguna justificación.

Sin embargo, el asunto no está en determinar si el copiloto alemán fue un terrorista o no,  lo relevante está en mostrar las diferencias a la hora de cubrir hechos parecidos cometidos por personas de diferente origen y religión.

La pregunta que me surge entonces es: ¿por qué esas diferencias en el cubrimiento de los hechos? Esto lo responde de manera consistente el escritor Milán Kundera.

“El político depende del periodista. ¿Pero de quién dependen los periodistas? De los que pagan. Y los que pagan son las agencias publicitarias, que compran de los periódicos el espacio y de la televisión el tiempo para sus anuncios”.

¿Quiénes son los dueños de las agencias publicitarias, quiénes financian la construcción de esas realidades, qué intereses hay detrás?

@tobalvasquez

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO