Narcisistas: el ranking de los políticos colombianos

Narcisistas: el ranking de los políticos colombianos

8 de abril del 2017

-“De cara a la galería suelen dar buena imagen, pero con sus presas resultan absolutamente demoledores, tan nocivos que en algunos casos pueden llegar a ser letales. Rara vez utilizan la violencia física, pero son expertos en manipular el lenguaje, en darle la vuelta a las palabras, en herir con una simple frase”.

Se me vienen a la cabeza, de inmediato, sin procesos demorados, tres nombres de políticos colombianos, aunque no sé en qué orden ponerlos. Quizá Claudia López para empezar, devastadora, agresiva, rabiosa, ególatra.

Sugiero enseguida a Armando Benedetti, metro-sexual, virulento, mostrón. Y después Roy Barreras, dueño de un verbo cortante, con florituras y variantes a veces corrosivas, que utiliza hábilmente para defender o a atacar (al mismo personaje). ¿Quizá el expresidente Uribe? O ¿María Fernanda Cabal? O ¿el presidente Santos? ‘¿Juan Fernando Cristo? No sé, comienzo a dudar y a confundirme.

Por eso pido ayuda y colaboración. Es posible que usted tenga una clasificación distinta, mejorada, más nutrida, posiblemente más diversa en términos políticos.

-“En sociedad despliegan sus encantos y suelen parecer amables, cuando no directamente adorables. Son capaces de fingir compasión y de caer simpáticos. Son seductores y, si es necesario, pueden mostrarse sumamente serviciales, sobre todo, si con eso esperan lograr algo a cambio. Pueden ser tipos de apariencia tranquila, porque de hecho están tranquilos: tienen una víctima sobre la que descargar toda su rabia y resentimiento”.

El mundo de las personas nocivas

El ejercicio resulta divertido en días de descanso y reflexión como los que propicia la Semana Santa, donde se encuentra uno lecturas diversas como este libro que “revela el mundo de las personas nocivas y destructoras de otras y da claves a sus víctimas para escapar de su cerco”.

Es una entrevista que publica El Mundo de España a Jean-Charles Bouchoux, que se prodiga extensas consideraciones sobre el tema, que obviamente no es ajeno a otras profesiones, incluyendo artistas y periodistas.

-Son seres muy muy dañinos, capaces de devastar por completo a sus víctimas, de arrastrarlas a un infierno de dolor y sufrimiento, de machacarlas por completo, de empujarlas incluso a cometer suicidio. Están en todos lados: en la oficina, en el puesto de trabajo, en los colegios, en el hogar…

Son esos jefes que se ensañan con algunos de sus empleados, esos padres que acribillan a sus propios hijos, esos profesores que tienen en un puño a este o aquel alumno, esas personas en apariencia encantadoras y que, sin embargo, destrozan la vida de sus compañeros sentimentales. La psiquiatría tiene un nombre para ese tipo de individuos: son los perversos narcisistas.

Los perversos narcisistas

El sicoanalista francés, Jean-Charles Bouchoux acaba de publicar Los perversos narcisistas, que ha arrasado en Francia, donde lleva más de 200.000 ejemplares vendidos.

Los narcisistas son personas frías, que no conocen la culpabilidad y que no dudan en señalar a los demás como responsables de todas sus desgracias. «Hace cargar a los demás con lo que debería ser su rabia, su miedo, su culpabilidad. O, dicho de otro modo, con su locura», en palabras de Bouchoux.

Su comportamiento cambia en función de las personas que les rodean y del contexto en el que se encuentren.

No suelen echar mano de la violencia física salvo en casos extremos, porque eso les dejaría claramente ante los demás como los malos de la película. Son mucho más sutiles. Racamier ya aseguraba que «el campo predilecto, el instrumento maestro de la perversión narcisista, es la palabra».

También la psicoanalista francesa Simone Korff-Sausse asegura que «el lenguaje es el verdadero arma» de los perversos narcisistas. «Se sirven de él para someter a su víctima», sostiene. Y lo mismo opina el también psiquiatra y también francés, Alain Ksensée: «Se conformará con las palabras para destruir a su víctima».

«La violencia verbal puede ser tan peligrosa como la física o más. A través de la palabra se puede condicionar a una persona al suicidio», advierte Bouchoux.

Ejemplos y casos reales

Entre los varios ejemplos de casos reales que Bouchoux cita en su libro, hay uno muy revelador del uso manipulador que los perversos narcisistas hacen de la palabra. O las perversas narcisistas, porque en este caso se trata de Andrea, una mujer. Un día, ésta le suelta a su novio que su historia de amor ha terminado: «Mírame a los ojos, lo nuestro ha terminado». Pero al día siguiente le llama y, aunque ha sido ella la que lo ha plantado, le acusa de no amarla lo suficiente. «¿Por qué te fuiste? Deberías haber luchado. Si no lo has hecho, entonces no mereces la pena».

¿Qué hacer ante uno de ellos? Bouchoux es rotundo: poner distancia de inmediato, sin darse más plazo. Sólo así, saliendo de la órbita que le impone a su víctima el perverso narcisista, ésta se dará cuenta de la locura de aquel.

«El perverso está enfermo, nunca podrá funcionar de otra manera. El mejor regalo que podemos hacerle es dejarle», sentencia Bouchoux.

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