Narcocomunismo

24 de junio del 2019

Opinión de Carlos Salas

Ser o no ser uribista Opinión de Carlos Salas

No deja de ser curioso que una ideología caduca siga siendo suficiente motivo para que tengan Patente de Corso quienes dicen practicarla. En Colombia, la desaparecida Patente de Corso ha sido revivida con un acuerdo de paz que se ha erigido por encima de cualquier principio democrático, gracias a argucias tan fácilmente elaborables cuando se tiene a la ideología como pretexto, así sea una tan absurda como esa en la que se cobija una banda de narcotraficantes para justificar sus acciones. Para las FARC y sus aliados la Patente de Corso es ser comunistas.

Con la caída de la Unión Soviética se derrumbó toda una estructura soportada en el marxismo-leninismo y quedó al desnudo su verdadera condición: una ideología que ocultaba crímenes atroces cometidos durante casi todo el siglo XX, dejando muerte y miseria por donde se fue propagando como la peor peste que el hombre haya conocido. Pero tan efectiva fue su implantación en nuestra región que sobrevivió y ha venido adquiriendo un inmenso poder que no hemos querido ver de frente.

Los regímenes democráticos han sido débiles para enfrentar un monstruo de esas dimensiones y a veces cómplices, sino como entender en el pasado la expansión del comunismo, con todo el dolor causado a pueblos enteros, y ahora, terminando la segunda década del siglo XXI, siga tan campante en Venezuela. Los comunistas ocultan sus atrocidades cubiertos con el manto ideológico mientras los demócratas ocultan su cobardía con el de la democracia.

A Alejandro Magno se le atribuye esta frase: “Nunca le he temido a un ejército de leones que sea conducido por un cordero; más le temo a un ejército de corderos conducido por un león”. Los comunistas en nuestra región han sido supremamente hábiles para lograr sus objetivos y sacar provecho de la cobardía de nuestros dirigentes. Un solo ejemplo basta y sobra, el proceso del plebiscito cuando las FARC, desde los Llanos del Yarí, amenazaron a los colombianos tal y como quedó consignado: “Aunque por esa vía se aprobará o improbará popularmente el Acuerdo Final, en sentido estricto la que se está definiendo es algo de más profundo calado: la continuidad o no de la guerra”. Ante eso los colombianos, sin dejarnos amedrentar, votamos NO en el plebiscito pero nuestros lideres claudicaron desvergonzadamente. A pesar de eso nos la jugamos toda para llevar a la presidencia a Iván Duque seguros de que lo pactado en La Habana sería hecho trizas. Ahora vemos con indignación como se va implementando un acuerdo de entrega del país al narcocomunismo.

En los Llanos del Yarí las FARC afirmaron que “el desistimiento del alzamiento armado NO conduce a nuestra desmovilización” y lo han cumplido. “Nos seguiremos orientando por un ideario inspirado en el marxismo, el leninismo, el pensamiento emancipatorio bolivariano y, en general, en las fuentes del pensamiento crítico y revolucionario de los pueblos”, afirman en el documento hecho público en septiembre de 2016 luego de la X Conferencia FARC-EP.

Un país tomado por el narcotráfico como lo estuvo en los tiempos de los carteles, se puede rescatar. Un país tomado por el narcocomunismo requiere, para su liberación, no de corderos sino de verdaderos leones liderándolo.

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