Neiva, Ibagué, dos pésimos alcaldes, ambos con H

5 de mayo del 2015

“Los dos son huecos, horribles, huidizos, holgazanes”.

El de Neiva es Pedro H. El de Ibagué Luis H. Seguramente por esa H, los dos son huecos, horribles, huidizos, holgazanes.

Lo de Neiva es terrible. En la ciudad no gobierna el alcalde Suárez sino su joven esposa, Madeleine (la iban a bautizar Mónica Yulithza), mientras Pedro H. la acompaña sumiso y silencioso, convertido en el hazmerreir de los opitas.

Obviamente todo se ha degradado, menos la corrupción que campea con descaro por todas las oficinas públicas. El alcalde no responde por nada y cuando necesita quién lo defienda sale con banderillas su hermana Margarita Suárez, esposa del torero Jorge Herrera.

La movilidad es un desastre, las vías una desgracia, la inseguridad el propio infierno diario, y el espacio público es anárquico. Neiva se hunde ante un alcalde confundido y turuleto, manejado por una esposa autoritaria, ignorante en el manejo de la cosa pública, que organiza y direcciona también los apoyos para la siguiente campaña electoral.

Lo de Ibagué es igual o peor, sin que yo conozca de las honduras familiares de Luis H. ni su entorno administrativo.

La otrora pujante capital hoy es un caos, en casi todo, al punto que sus habitantes dicen que nunca antes fue peor. Ibagué, que se peleó ser una sede de los juegos nacionales, está a punto de perder esa opción porque el alcalde se quedó dormido.

De puro zángano –me dijo un taxista- Luis H. no ha hecho nada por la ciudad, pero sí ha conocido el mundo durante su alcaldía.

A lo mejor se han visto con Pedro H. experto en viaticar. Ha tenido el empacho de viajar muy lejos, dizque a dictar conferencias en Seúl y Tokio, y hace pocos días en Brasil.

Lástima por estas dos ciudades de mis afectos y mis orígenes, pero la politiquería e ineptitud de sus  alcaldes Hs las tienen sepultadas en el desconcierto y la desgracia.

La pregunta es si los electores (que deberían ser todos los ciudadanos, especialmente los más educados) han tomado conciencia sobre la responsabilidad de escoger bien la próxima vez, o entregarle nuestros destinos a iguales o peores ineptos.

El estilo reposado de nuestra gente (opitas), no puede traducirse en torpeza para no saber elegir. Les recuerdo a mis paisanos que “aunque la marrana sea blanca, y la maten en la villa, y le echen leche a la sangre, siempre es negra la morcilla”.

@artunduaga_

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