¿Ni Dios puede gobernar a Colombia?

16 de julio del 2012

El país, para desgracia de los 46 millones de colombianos, se le está saliendo de las manos al Presidente Santos. No es una expresión de la oposición uribista de extrema derecha, ni de la oposición de izquierda radical. Es lo que se evidencia ante los ojos sorprendidos de la ciudadanía. La salud en pleno colapso […]

El país, para desgracia de los 46 millones de colombianos, se le está saliendo de las manos al Presidente Santos. No es una expresión de la oposición uribista de extrema derecha, ni de la oposición de izquierda radical. Es lo que se evidencia ante los ojos sorprendidos de la ciudadanía. La salud en pleno colapso y el Gobierno tratando de salir del paso con medidas contraproducentes. Esta Administración, antes de iniciar su gestión, tuvo todos los elementos para enfrentar el sistema que ya hacía agua. Hoy el colapso es total y la cara de despiste de la Ministra y las respuestas tontas de sus funcionarios, han contribuido a generar una crisis que es más grave que la de la reforma a la Justicia: se trata de muertes inexplicables.

Pero además lo del Cauca es muy grave: una población indígena en franca rebeldía frente al Gobierno, agobiados por siglos de retraso y años de violencia. Resulta incomprensible la forma como se manejó la visita del Presidente: un Consejo de Ministros encerrado en un cuarto frente a una población ávida de interlocución con el máximo poder político del país. ¡Qué falta de olfato o de experiencia política! Además, a pocos kilómetros de donde estaba reunido el alto gobierno, las Farc mostraron su presencia de manera desafiante.

¿Qué es lo que está pasando en el país? Llega a la Presidencia Juan Manuel Santos, un hombre que se preparó toda su vida para ocupar esta posición. Inteligente, astuto como nadie, preparado, con mundo, con clase, y con todo el poder posible. Desde siempre se manejó entre la clase política a la que le conoció todas sus debilidades; muy rico y parte de esta elite colombiana que siempre ha estado muy cerca del poder. Viene además del gobierno consentido por los poderosos y por el pueblo que recibe sin capacidad de crítica las limosnas que les dio Uribe, y que Santos ha multiplicado. Fue el mejor Ministro de Defensa para muchos y pudo salir “sin mancha” de temas tan graves como los falsos positivos. Sin aparentemente ninguna debilidad, porque además, gustaron sus buenas maneras después de soportar un gobierno que no se caracterizó por eso.

Dos años de luna de miel en que le tocó el ciclo expansivo de la economía, el auge de las exportaciones de minerales, y mejoría de las relaciones internacionales, entre otras. Pero se rompió la magia y sus fortalezas se le convirtieron en su peor debilidad. Le salta la liebre del expresidente Uribe, ahora convertido en su peor enemigo, como si su gobierno hubiera sido perfecto, y además, le explotan dos crisis gravísimas: la salud y la guerra del Cauca; y sinceramente, no se le ve un manejo adecuado.

Si alguien como Juan Manuel Santos, que tenía todos los ases en su manga, no puede manejar las crisis de un país como Colombia, que sobrevive a pesar de ellas, ¿será que ni Dios puede manejarlo? O será simplemente que mientras las bases de esta democracia, sus políticos, sus partidos, sus líderes y sus valores no cambien, hasta a Dios se le sale el país de las manos.  Lo que quiere decir que no ha llegado el líder que reconozca que así es imposible gobernar; cuando robar es la norma de todos, con excepciones sin duda; cuando hay que cohonestar con los vicios de los políticos porque el costo de sacarlos del rin es muy alto; cuando el fondo de todo sigue igual. Si estas cosas no cambian será imposible sacar a este país de este maremágnum en que estamos.  ¡Ay, Dios mío!

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