Ni tanto que alumbre Santos, ni tanto…

26 de julio del 2011

Está fuera de discusión que el presidente Juan Manuel Santos ha logrado la convergencia alrededor de sus propuestas y sobre todo alrededor de su manera o estilo de manejo del país; y que esto es un gran avance respecto al ambiente pendenciero y camorrero que nos dividía y polarizaba que caracterizó al gobierno Uribe, nadie […]

Está fuera de discusión que el presidente Juan Manuel Santos ha logrado la convergencia alrededor de sus propuestas y sobre todo alrededor de su manera o estilo de manejo del país; y que esto es un gran avance respecto al ambiente pendenciero y camorrero que nos dividía y polarizaba que caracterizó al gobierno Uribe, nadie lo cuestiona.

Como dice el dicho ‘el estilo es el hombre’, y que hay un cambio de estilo nadie lo duda; tampoco se discute que ese cambio de estilo es bien recibido, casi con aclamación por la población.

Lo que no está claro es si hay un cambio de orientación y de propósitos de gobierno… y eso es lo que debemos analizar quienes, más que fijarnos en las personas que encarnan un gobierno, estamos pendientes de las políticas y propuestas que adelantan.

En una democracia y en el modelo que nosotros suponemos defender, quienes llegan a ejercer el poder público lo hacen por encargo, con un mandato de los electores. No tiene la función o el derecho del soberano de seguir su propio criterio y decidir por los súbditos lo que a estos conviene. Este último sistema no necesariamente es malo –si el gobernante piensa en el beneficio de la nación y si es capaz, podría ser incluso mejor para los ciudadanos-, pero no es el que rige entre nosotros.

Por eso es importante estudiar las características de un gobierno, más que las de las personas quienes lo dirigen.

En la medida que uno tiene determinada visión y expectativa de lo que espera que debe ser la dirección del Estado, no se apoya o se hace oposición a una u otra persona sino a uno u otro modelo y a unas u otras políticas. En el actual caso llama la atención que el primer mandatario repite e insiste que es la continuidad de los ‘huevitos’ del anterior, y que sin embargo no se haga una evaluación de hasta qué punto lo es, y hasta qué punto eso es lo que conviene al país. Y no siempre el cambio de estilo –a pesar de lo positivo que pueda ser- significa un cambio de rumbo.

Los medios de comunicación y los ‘formadores de opinión’ poco se han interesado recientemente en temas diferentes de los ‘escándalos de corrupción’, de la aparición de ‘ollas podridas’ aquí y allá. Pareciera que la ruptura o discontinuidad entre el anterior y el actual gobierno fuera alrededor del tema de la ‘corrupción’; que antes ésta sentó sus reales y ahora se combate.

La ‘corrupción’ hoy cumple la función que cumplió el ‘terrorismo’ bajo Uribe: permite concentrar el interés de la opinión nacional en temas diferentes del modelo y de las políticas públicas que se siguen. Pero no es aceptable que de un momento para otro se descubrió que el país estaba en la situación que ahora se muestra, ni lo malo es únicamente la corrupción, puesto que ella se acompaña o nace del caos y la desinstitucionalización –lo cual es más grave-.

Suena extraño que pareciera que el equipo de Santos –a comenzar por él mismo- nada hubiera tenido que ver con el pasado, y que a los medios les hubiera tomado por sorpresa todo lo que sucedió en los años del gobierno que lo antecedió.

Lo que podría ser más probable es que estuvieran de acuerdo con las políticas que se imponían, y de ahí la aquiescencia –que no la ignorancia- con lo que sucedía. No es que de repente aparezcan los horrores que ahora tanto se delatan, sino que hoy conviene delatarlos. Y no solo conviene delatarlos sino magnificarlos, para así distraer la atención del contenido de lo que como modelo y políticas se mantiene.
Habría que pensar si la ‘unidad’ que se ha ido creando es para dar una nueva orientación al país, o, si por el contrario, es para facilitar el continuismo corrigiendo el estilo. Y esto se ve en la posición de los representantes –no es muy seguro que voceros- de los partidos.

Sigue el mismo modelo de desarrollo del Estado, dando prioridad a la economía y al ‘desarrollo económico’ sobre los aspectos sociales de marginamiento, desigualdad, y en general de armonía social;  sigue el mismo modelo económico de privatizaciones, orden del mercado, globalización, TLC, etc.; sigue el mismo enfoque del gobierno de soluciones solo por la vía represiva, aumentando la fuerza pública y la capacidad de violencia oficial ante los problemas que se viven, sea de droga, de guerrilla, o de simple delincuencia común; sigue el mismo propósito de acabar con la oposición, así se haya cambiado el método de perseguirla por el de cooptarla bajo la figura del ‘canapé republicano’.

Y en todo esto no se oye una voz discrepante sino se siente el deseo de acomodarse, en parte interesadamente por la cuota burocrática y la participación en el poder, pero en parte por la convicción o aceptación de que este camino es el que preservará el orden social que rige y en consecuencia la posición privilegiada de la que gozan dentro de éste.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO