¡No hemos salido de la esclavitud!

22 de mayo del 2014

“El secuestro de las niñas de Nigeria es como el reclutamiento de las niñas colombianas.”

Bring back our girls

“Me gusta matar a quien sea que Dios me pida matar, de la misma forma que me gusta matar a pollos y ovejas… Hay un mercado para la venta de seres humanos. Alá dice que debo venderlas. Él ordena que venda. Venderé mujeres. Vendo las mujeres.” Abubakar Shekau, líder de Boko Haram, abril 14 de 2014.

Confieso que haber escuchado estas palabras me produjo escalofrío e indignación cuando Shekau se atribuyó el secuestro de casi 300 niñas nigerianas que tomó a la fuerza en un internado al norte de ese país. Boko Haram que literalmente significa “la educación occidental es un pecado”, es un grupo terrorista islamista de extrema creado hace más de diez años en Nigeria. En los últimos años ha destruido puentes, quemado escuelas, ha asesinado población civil, ha realizado miles de robos y violaciones.

Tristemente el injustificable secuestro y violación de niñas no solo tiene connotaciones religiosas, sino también políticas y sociales, pues utiliza este mecanismo para generar tensión en su país. Nigeria es considerado uno de los países más ricos del África, que crece al ritmo del 7%, pero su pobreza llega a más del 60% de su población, creando inestabilidad social y desigualdad.

El caso del secuestro de estas niñas tiene conmocionado al mundo entero, donde la población civil, miles de artistas, políticos y defensores de derechos humanos, han demostrado su repudio por retener, vender y esclavizarlas sexualmente y han puesto en evidencia la desprotección que padecemos las mujeres dentro de un conflicto armado. A todo esto se suma la incapacidad de gobernar del presidente Nigeriano, Goodluck Jonathan.

Solo para dar un panorama general, la esclavitud sexual es uno de los delitos más lucrativos actualmente. En Tailandia, por ejemplo, se estima que una mujer  puede rendir hasta mil dólares en ganancias diarias por sus manejadores (Cifras de la Fundación Freeland). En este mismo país la Fundación SumAll argumenta que en promedio durante 6 años que dura una persona siendo prostituida alcanza los 18 mil dólares, 6 años que implica el tiempo en que ella “paga la deuda” para ponerle fin a su calvario.

Pero en otros países, una niña esclavizada sexualmente puede “costarle” al cliente 8 dólares, aunque las que son vírgenes son las más apetecidas y costosas. En mi experiencia, con la Fundación Juan Felipe Gómez Escobar en Cartagena, he visto cómo niñas de 12 años venden sus cuerpos a 4 mil pesos por cliente ante la absoluta ausencia de instituciones que las proteja, algo por lo que debemos sentir horror y vergüenza.

Es más, según el Ministerio de Defensa existen 1.387 niños en las filas de los grupos armados al margen de la ley. De los 31.500 desmovilizados, el 60% eran menores de edad.

En el caso de los grupos insurgentes, estos no tienen límites a la hora de abusar a las niñas y retenerlas como sus esclavas sexuales; terminan siendo propiedad de los guerrilleros o miembros de las AUC, las cuales utilizan el aborto como principal método contra la natalidad. Según computadores confiscados de las FARC y documentos de soporte, se estima que se realizan mil abortos inducidos al año, con la gravedad que eso significa para la salud de una niña y sus secuelas sicológicas.

En el año 2013, la Unidad de Justicia y Paz realizó un estudio centrado en los abusos sexuales cometidos en Colombia por los grupos guerrilleros donde se analizaron tan solo 81 casos y dentro de las conclusiones se encuentra que el 95% de las víctimas son mujeres y 13% niños de 14 años.

Castigar a las niñas y mujeres con actos sexuales forzados ha sido una estrategia muy común entre los grupos al margen de la ley en el mundo. Simplemente ellas no tienen salida. El secuestro de las niñas de Nigeria es como el reclutamiento de las niñas campesinas colombianas en las filas de la Guerrilla o de las AUC ¡Igual de atroz! De hecho, muchos colombianos hemos participado en el movimiento internacional de repudio denominado #BringBackOurGirls en buena medida para rechazar allí lo que rechazamos y repudiamos aquí.

Durante mi trabajo, permanentemente he manifestado mi indignación sobre los graves hechos que les sucede a las niñas del país. Así como en Nigeria, nuestra sociedad pagará las graves consecuencias del gran daño que estamos causando a nuestras mujeres y niñas, porque donde hay pobreza y violencia, la mujer siempre será el blanco de ataque con un costo social y económico de enormes proporciones. He sido testigo del daño que causan dos condiciones sociales que ligadas generan el abuso: ser niña y estar en la pobreza, que para muchas colombianas es una desgracia.

¡A veces no me explico cómo teniendo los casos más aberrantes y numerosos de abuso, no hemos tenido la visibilidad mundial que ha tenido el secuestro de las niñas nigerianas! Es como si nuestro país fuera invisible ante los ojos de la humanidad.

La desigualdad económica y social es una de las principales causas para cometer estos delitos y en Colombia como en Nigeria compartimos el mismo problema, sumado a la baja calidad de la educación para niñas y mujeres. Ni qué decir de los enormes vacíos que tiene nuestro sistema penal donde solo un 3.7% de los casos reportados de abuso enfrentan un proceso, el cual no necesariamente obra a favor de la víctima.

¿Cuándo será el día que veremos una nación que invierta e intervenga a favor de las niñas de manera sostenida para el verdadero desarrollo social? Sin duda, la verdadera paz se construye desde ahí. Bien recuerdo la conferencia magistral en un foro en Suiza que dio Sir Mark Malloch-Brown, exministro del gobierno de Gordon Brown y Chief of Staff de Kofi Annan, donde concluye: “¿Quieren avanzar rápido al verdadero desarrollo? Inviertan en niñas y en educación”.

Necesitamos mejorar la calidad de vida de las poblaciones más vulnerables porque nuestros niños y jóvenes no deben ser quienes paguen las consecuencias de nuestra historia, además de volverse un mortal ciclo de pobreza para quienes padecen la esclavitud en pleno siglo XXI. Esperamos que Nigeria sea un referente mundial que ponga punto final a esta dramática realidad humana.

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