No al periodista que despotrica del periodismo

27 de febrero del 2019

Opinión de Javier Borda Díaz

No al periodista que despotrica del periodismo

Es terrible el despido reciente de cientos de periodistas en Colombia; es válido el debate sobre el presente y futuro del periodismo, pero no es aceptable que sean los propios periodistas los que desprestigien el oficio y el trabajo de sus colegas.

Da mucho pesar que nosotros mismos ayudemos a la debacle. Es como si no nos pareciera suficiente con las llamadas restructuraciones en los medios de comunicación. Cerró el canal de televisión de El Tiempo; hubo despidos masivos en RCN televisión y NTN 24; hubo cambios en la nómina de Semana y Televisa finalizó sus actividades en Colombia, con lo cual se quedaron sin trabajo periodistas de las revistas Caras, Gente y National Geographic.

Son muchas las ‘víctimas’ que hemos contado en el periodismo en las últimas semanas.  Es grave nuestro conflicto interno. Y no hay ningún proceso de paz a la vista.

Ante semejante panorama, es bienvenido el debate que ha surgido entre colegas, en medios de comunicación, en las universidades, en redes sociales, incluso en el mercado laboral. ¿Que las facultades no están graduando a los mejores profesionales? ¿Que los egresados no responden a las necesidades reales de los medios de comunicación? ¿Que las redes van a acabar con el periodismo? ¿Que no estuvo bien acostumbrar a la gente a consumir los contenidos sin pagar? ¿Que el periodismo no debería ser una carrera sino una especialización? ¿Que no hemos podido convencer a las audiencias de la relevancia de nuestro trabajo?

Las respuestas a estas preguntas no están ahí no más en Wikipedia. Por eso, está muy bien discutirlas en nuestro contexto y bajo nuestras propias posibilidades. No podemos, por ejemplo, ser tan ingenuos de compararnos con The New York Times, ni con el perfil de sus crecientes suscriptores en línea.  Somos muy diferentes en todo sentido. Es tan complejo el tema que trasciende nuestras fronteras. Si hubiera una idea más clara de lo que tenemos que hacer para superar los obstáculos, los medios en Colombia y sus dueños no tendrían que hacer los recortes de personal que hemos visto y que, seguro, no se hacen por gusto. Si el negocio estuviera dando resultados, todos estaríamos menos intranquilos.

Lo que molesta no es solo la dificultad económica descrita o el desprestigio que hoy en día ataca a los periodistas, sino que además nos empecinemos nosotros mismos en hacernos mala fama.

El momento ideal para hacer una autocrítica no es cuando nos despiden. Quizás lo más honesto sería advertir las dificultades en medio de la tormenta. Hacerlo después deja un tufillo -uno más- de desconfianza generalizada.

Si el periodista dice que el periodismo no es importante estamos acabados. Si el periodista cree que las redes sociales acabarán con nuestro mundo así sucederá. Si el periodista no se valora lo irrespetarán. Si el periodista cree que no necesita estudiar para ser periodista estamos jodidos.

Eso es lo que muchos parecen expresar. Sin embargo, los esfuerzos que se hacen por hacer buen periodismo también son notables y son absolutamente importantes para nuestra gente, más en un país lleno de corrupción e injusticias. Caer en la ligereza de la opinión –tan típica en redes sociales- es otro pecado descomunal que estamos cometiendo. Por demás, no es sano que un periodista se alegre del mal rating de RCN; está muy mal que no haya solidaridad con los colegas despedidos; tampoco está bien que uno crea que el matoneo a un medio y sus periodistas está justificado.

Sin desconocer el lío en el que estamos, que sea el buen trabajo el que hable por nosotros.  Siempre se ha dicho que el periodismo nace de una vocación.  Y sí, así  es, a pesar de todo.

En Twitter: @javieraborda

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