No es un buen día para ser Alejandra Azcárate

27 de julio del 2012

Colombia, ¿qué te pasa? Siento como si nos hubieran descargado y nos fuéramos por cañerías de aguas negras. Esta es una columna difícil de escribir, pues no sé por dónde empezar. A esta altura es claro que cualquier cosa que se diga hiere susceptibilidades. En otra cultura tal cosa no sería un problema, aquí, en […]

Colombia, ¿qué te pasa? Siento como si nos hubieran descargado y nos fuéramos por cañerías de aguas negras. Esta es una columna difícil de escribir, pues no sé por dónde empezar. A esta altura es claro que cualquier cosa que se diga hiere susceptibilidades. En otra cultura tal cosa no sería un problema, aquí, en cambio, la gente se ofende y amenaza con quemar la cara con ácido.

Cacería de brujas, Inquisición, cavernícolas, Edad de Piedra… ¿Dónde estamos? ¿En qué andamos?

Cuando la Azcárate escribió su columna sobre las gordas fui de las más indignadas. Quizá sea cierto que si yo no fuera gorda no me hubiera indignado tanto, pero la verdad es que con la carta que le escribí impulsada por mi indignación no pretendía volverme una abanderada de las gordas. Tengo muy claro que gozaría de mejor salud si pesara menos, y no tengo tan claro que mi sobrepeso se deba a las Nucitas, que como cual si fueran uvas… Pero esa es otra historia.

Mi indignación se debió a que considero que una persona en la posición de la Azcárate debería ser mucho más cuidadosa con sus palabras. Más responsable. ¿Cuántos de sus 702.733 seguidores en Twitter son niños y adolescentes? Ese es, precisamente, mi punto. Por eso la condené y me atreví a escribirle una carta casi tan venenosa como su columna.

Pasadas unas dos semanas, después de haber dado una entrevista inmunda en La W y twittear su desdén e indiferencia, Aló publicó otra columna en que la mujer finalmente se disculpa. Yo no creo que ella haya escrito esa columna, la voz no tiene nada que ver con la de la columna inicial. No le creo su sinceridad ni su arrepentimiento; creo, más bien, que le dolió el bolsillo. Imagino que perdió contratos laborales, debió de sentir el peso de sus palabras.

Todo lo que hacemos tiene consecuencias, todo, absolutamente todo. Yo no soy de las que dejan de hacer algo por miedo a las consecuencias, yo tiendo a irme hacia adelante con los ojos tapados, y si me caigo y me doy en la jeta, me levanto y sigo caminando para ver cuándo vuelvo a caerme. Creo que la Azcárate jamás se imaginó las consecuencias que tendrían sus palabras. Considero que merece el repudio de la gente y haber perdido contratos laborales, pero jamás, léase bien: jamás se merece que la hayan amenazado con quemarle la cara con ácido.

¿Qué tipo de persona hace una amenaza así? Esas son amenazas de matones, de bullys, de traquetos, al fin y al cabo. No está bien, no soluciona nada. Si queremos que la Azcárate aprenda una lección, no compremos los productos que patrocina, no la sigamos en Twitter, no vayamos a su stand-up comedy, no leamos su columna, no miremos la telenovela en la que trabaja, ni el programa que presenta. Mandemos cartas a sus empleadores, quejándonos indignados. Pero, ¿ácido en la cara? ¿En serio?

Sociedad enferma y putrefacta. Somos un perro dando vueltas tratando de morderse la cola. No vamos para ningún lado. ¿No hemos sido testigos de suficiente violencia? ¿No nos ha dolido suficiente esta guerra interminable? Somos una tragedia. Sangramos y hacemos sangrar, como si fuera un deporte. ¿No bastándoles tanta violencia, la reproducen?

No es cuestión de perdonarla. Yo no tengo nada que perdonarle, para mí esta mujer es una bestia que peló el cobre. ¿Y a quién sorprendió? A mí no.

Yo no te perdono, Alejandra Azcárate, y no creo que tu arrepentimiento sea sincero. Pero al final del día, quien apoya la cabeza en tu almohada eres tú. Eres tú quien tiene que lidiar con tu conciencia y los demonios que has desatado. Y sin embargo, condeno a quienes se han atrevido a amenazarte.

La violencia no se soluciona con más violencia, no seamos tan brutos…

@virginia_mayer

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