Samuel no comerá buñuelos ni natilla en el Palacio Liévano

9 de marzo del 2011

No haga más pendejadas

Por lo general he sido defensor del alcalde de Bogotá  Samuel Moreno porque siempre lo he considerado un buen tipo. No es Einstein, pero eso per se no la hace una mala persona ni un ser humano con trastiendas y dobleces.

No pertenezco a lo que se conoce como su círculo cercano, pero en la vida hemos trasegado por algunos lugares comunes. Como coincidencia puedo contar que Moreno y yo nacimos el mismo día, del mismo año, con una diferencia de apenas unas horas.  Lo que me ha hecho dudar de los horóscopos desde hace muchísimo tiempo.

Samuel como yo, proviene de una familia política, familia que gobernó en cabeza de su abuelo el general Rojas entre 1953 y 1957, siendo el general un característico dictador tropical a quien el país admiró mucho pero a quien forzó a dejar el poder ya que estaba agobiado por algunos escándalos de corrupción, que hoy, de manera injusta, tratan de enlodarle al alcalde de Bogotá, quien era apenas un adolescente de trece  años cuando su abuelo falleció.

Todo esto lo traigo a colación porque hoy pretendo, ojala con éxito, convencer a ese  Samuel que conozco que, por favor, detenga la construcción del Transmilenio por la carrera séptima de Bogotá.

Si bien ese proyecto estaba diseñado distinto, hoy acabó convertido en un híbrido, un monstruo que, no solo no servirá a los bogotanos, sino que acabará por hacer colapsar la movilidad  (o mejor inmovilidad) de la ciudad.

No entiendo la obsesión del alcalde y de su arrogante y mal educado director del IDU, de seguir adelante con este desastre anunciado.

No pueden estar equivocados todos los técnicos y expertos sobre este asunto.

Basta con  mirar el manejo del tráfico en las horas pico para predecir desde ya que será absolutamente desastroso y caótico.  Y suena irreal que Bogotá pueda llegar a estar peor, pero desafortunadamente así es.

No entiendo que nos pasa a los bogotanos que dejamos que los gobernantes hagan lo que se les dé la gana, como si la razón de ser del Estado no fuéramos nosotros: los gobernados.

Desde ya me atrevo a hacer un pronóstico y espero no equivocarme: si Samuel Moreno insiste en seguir de manera terca adelante con el Transmilenio por la Carrera séptima, se va a caer, porque será tal el descontento de los ciudadanos que el procurador general va a aprovechar para destituirlo por el caso del carrusel de la contratación, así no tenga la razón para hacerlo, como ya lo ha demostrado.  Desde ya auguro que Samuel no come buñuelos y natillas en el palacio Liévano, porque está, como los toreros, tentando su suerte, con la diferencia que no quiere reconocer que el toro que tiene enfrente es muy bravo: 8 millones de bogotanos descontentos y emberracados.

Notícula

Dice un confidencial de Semana que el primo de Pablo, José Obdulio Gaviria se suicidaría  si lo detienen por el caso de las chuzadas. Hay quienes lo comparan con Paul Joseph Goebbels, ministro de la propaganda de Hitler. Yo les he dicho que no sean ridículos salvo que dividamos a Goebbels por el cambio del Euro, lo que nos daría un José Obdulio. Pero además ¿como creerle que se va a suicidar si nunca ha dicho una verdad ni a palos?

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