No más bolillo

16 de agosto del 2011

Parece como si quisieran hacernos ver la decisión de sacar a Hernán Darío Gómez de la dirección técnica de la Selección Colombia, como la disyuntiva entre salvar al fútbol colombiano o darle contentillo a unas mujeres histéricas. Que es el mejor técnico, que no hay tiempo para buscar otro, que no hay plata para traer […]

Parece como si quisieran hacernos ver la decisión de sacar a Hernán Darío Gómez de la dirección técnica de la Selección Colombia, como la disyuntiva entre salvar al fútbol colombiano o darle contentillo a unas mujeres histéricas.

Que es el mejor técnico, que no hay tiempo para buscar otro, que no hay plata para traer alguien del exterior, que estamos a pocos meses de empezar la eliminatoria al mundial, que la calidad futbolística nada tiene que ver con los comportamientos privados, que hay un linchamiento moral contra el señor “bolillo”, que él ya pidió perdón, que no hay víctima y todo es un montaje mediático pues la señora golpeada no aparece.

Por otro lado, ayudando a los anteriores argumentos, y legitimando aquello de que se trata de mujeres “histéricas” aparece la esclarecida senadora Liliana Rendón para justificar que nos peguen porque las mujeres “jodemos” mucho.

Bolillo es un gran técnico y las mujeres somos unas insoportables que hay que callar a patadas, esos son los argumentos fundamentales para exigir la permanencia de Hernán Darío y ponerle fin al escándalo. Sin embargo, la polémica no ha terminado. Tenemos que estar alertas pues  estos sesudos planteamientos dan pie para que algunos vuelvan al ataque e intenten reversar los alcances de leyes, como las 1257 que penaliza todas las formas de violencia contra la mujer.

Los de la Federación, que no quieren deshacerse de Hernán Darío Gómez, juegan a dilatar siguiendo las enseñanzas de su técnico, que a sus jugadores les inculca un solo principio estratégico: retener la pelota sin hacer goles, porque reteniendo la bola se posponen los resultados adversos, que es lo único que importa. Demorar, retener, minimizar los hechos, desprestigiar a las mujeres, estos son los métodos para que no pase nada, pero con estas estrategias los resultados siempre han sido, son y serán malos, tanto en el fútbol como en la convivencia.

Posponer la decisión de sacar al agresor de la dirección técnica de la Selección no le hace bien a nadie. Pone en interinidad a nuestro fútbol, con un técnico cuestionado, sin moral para enfrentar los medios o para alzar la voz y exigir resultados a sus jugadores. Cada que grite lo mirarán como a un monstruo; ¿sí ve? Ahí está otra vez, el violento, el agresivo…

A Colombia tampoco le beneficia este director técnico cuestionado por violento. Un país que está buscando desesperadamente dejar atrás un pasado de violaciones a los derechos humanos, de paras y masacres, lo menos que necesita es tolerar un caso de violencia contra la mujer.

Y finalmente, a las mujeres también nos perjudica su continuidad en el cargo. Necesitamos avanzar en la erradicación de la violencia contra la mujer, sin disculpas, sin justificaciones y sin olvidos. El mensaje de nada justifica la violencia contra la mujer debe quedar claro. Ni siquiera por ser un personaje importante, ni porque estaba borracho, ni porque su acompañante “molestara” mucho como diría la señora Rendón, ni porque el fútbol colombiano lo necesita; nada justifica lo que hizo. Dejarlo en su puesto es premiar su acción y pasar un mensaje equivocado. Hernán Darío debe irse, por el bien de todos y todas, por el bien de Colombia, por el bien de la Selección y de nuestro fútbol.

No se trata de histerias, se trata de una sociedad que está avanzando, lenta pero decididamente hacia formas de convivencia y de respeto a los derechos humanos. Una sociedad hastiada de impunidad que necesita recuperar la credibilidad internacional. No seremos campeones mundiales de fútbol -por lo menos en muchos años- pero es posible que clasifiquemos como una sociedad con menos bolillo y más democracia y eso, aunque los de la Federación no lo crean, ya es ganar el campeonato.

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