¡No quiero verme en ese espejo!

1 de octubre del 2016

El Presidente acomodó la pregunta para el plebiscito, que confunde y convence semánticamente al más avezado o avispado.

opinion

A 24 horas del plebiscito y siendo totalmente consecuente a lo que siempre he pensado obrado y soñado, les RATIFICO una vez más (y quizás sea la última oportunidad) de que voy a VOTAR por el NO, porque SI tengo la certeza de que no soplarán buenos tiempos.  Parecería paradójico y hasta agorero, pero pienso que toda la fuerza y el desastre que viene causando ‘Matthew’ y el querer entrar a Colombia, precisamente por La Guajira, donde los niños se mueren de hambre y sed, mientras el Gobierno asegura las más gigantescas partidas para un grupo terrorista que quiere entrar a la civilidad, es una muestra de que ni la naturaleza comparte el mal llamado proceso de paz.

Mucha razón tenía el expresidente López, cuando decía que: “Colombia es un país de chambones”; él, conocedor del mundo, de lo bueno, lo malo y lo regular, no se refería a que los carpinteros, llanteros, costureras, empleadas domésticas, médicos (como yo), deportistas y políticos, eran mediocres en sus oficios; López (considerado de las mentes más  prodigiosas que ha parido mi tierra), se refería a que cuando el pueblo tiene el poder decisorio en sus manos, se desvía, distraído precisamente por esos encantadores de serpientes a los que odió, criticó y llevó al escarnio por sus conductas non santas y ‘políticamente incorrectas’.

Y yo insisto en preguntar: ¿qué pensaría el expresidente López, de esta entrega del país por parte de Santos a las FARC? Muchas serían las posibles respuestas; pero de seguro, no tendría en cuenta el millonario desangre fiscal del país y hasta que retóricamente estos bandidos hayan confundido el “perdóname con, yo te perdono”; lo que de seguro sí asaltaría su tranquilidad, sería el ‘acomodo’ de Santos para facilitar un supuesto proceso de paz, con un contrato totalmente leonino para el país y que no se compadece con la nobleza del pueblo colombiano.

Y es que este Presidente acomodó la pregunta para el plebiscito (que confunde y convence semánticamente al más avezado o avispado), no conforme con eso, hizo crear ese ‘ridículo umbralcito’ que coloca la contienda DURA… muy DURA para quienes como yo insistimos en el NO, porque no tragamos entero y sí conocemos lo que se cuece bajo los manteles de la dichosa Mesa de Negociación.  Mañana domingo 2 de octubre, de pasar el SI, el pueblo colombiano condenará su suerte y, lo más complicado de entender, es que al oriente tenemos nuestro espejo.  Ese espejo en el que no me quiero ver; ese espejo es el humillado, engañado y pisoteado pueblo de Venezuela; óiganlo bien, el país que antes de la nefasta llegada de Chávez, vislumbraba la mejor y más estable economía en Latinoamérica, pisándole los talones a Brasil, México y Argentina en sus mejores momentos.  En Colombia estábamos lejos del nivel de vida de ellos, pero créanme que, de ese nivel de vida de hoy, ya estamos muy cerca.

Lo que más duele es que López tiene razón.  El colombiano del común, ese al que más le falla la memoria (o lo manipulan para que olvide), ese que ha sufrido el secuestro, el arrinconamiento, el destierro de sus tierras, el robo de sus vaquitas y gallinitas y lo que es peor aún, ese que ha puesto sus hijos a pelear en nombre de la defensa de un país, valide un proceso que lleva 4 años buscando los atajos para que un grupo de forajidos como las Farc, se salga con la suya y, no conforme con haber masacrado esta Nación durante 50 años, pretenda perpetuar esa masacre, pero ahora desde lo ‘supuesto legal’, ahora cambiando el camuflado por los vestidos enteros y las pistolas y fusiles, por los lapiceros, las intervenciones en televisión y los discursos 20 julieros en plazas públicas.

En ese espejo como lo es Venezuela no me quiero ver.  No quiero vivir en un país donde un Presidente amparado en una Constitución que violó y mancilló y que dejó a un lado todo ordenamiento institucional al combinar su poder ejecutivo con el abrogado legislativo, permita que unos asesinos hagan nuestras leyes, cuando las únicas que aplicaron siempre fueron las del talión, la extorsión o muerte, el chantaje, el envío de drogas, el plan pistola, los ataques a mansalva a la Fuerza Pública y sí, el robo de tierras; las mismas que tanto cacarean en la mal llamada Reforma Rural Integral, que no será otra cosa sino la expropiación y la más burda violación a la propiedad privada.

Santos hará lo que hizo Maduro con Venezuela, a través de la Ley Habilitante; por eso todo lo que se apruebe el domingo subirá a la Constitución y éste traicionero e irresponsable señor podrá legislar por Decreto. Por eso digo que en ese Espejo no me quiero ver; no quiero ver a los niños morir por falta de tratamientos y medicamentos efectivos en los hospitales; quiero que las colas que le llamen la atención a los colombianos, sean las de los percherones y las de las colombianas bien formadas; no las penosas caniculares y humillantes que se hacen en Venezuela para reclamar un kilo de arroz, una lata de leche, un poco de aceite y una hogaza de pan.

Yo voto NO porque no quiero que aquellos que me robaron, secuestraron, asesinaron y violaron a mis mujeres, sean los nuevos padres de la patria y quienes enriquezcan más sus alforjas por cuenta de la chambonada de nosotros los colombianos.  Definitivamente mañana domingo voto NO y sé que podré dormir tranquilo; escuché por ahí que perder con dignidad en las urnas no es perder; pero eso no me preocupa, su conciencia lo llevará a votar NO y a salvar la tierra de Rin Rin Renacuajo.

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