No somos inmortales

Dom, 27/05/2012 - 01:01
No quisiera estar en los zapatos de mis papás. En las últimas dos semanas han muerto tres personajes representativos para su vida (y de paso la mía), recordándoles (recordándonos) que cada día e
No quisiera estar en los zapatos de mis papás. En las últimas dos semanas han muerto tres personajes representativos para su vida (y de paso la mía), recordándoles (recordándonos) que cada día el camino se hace más corto y que el tiempo inatajable va haciendo de las suyas en todo lo que nos rodea. Confieso que si fuera ellos estaría invadido por una angustia existencial del tamaño de la iglesia de Lourdes de Chapinero tras escuchar que murió Donna Summer, la reina de las discotecas en mis épocas juveniles, y que un par de días después también falleció Robin Gibb, uno de los Bee Gees. Si fuera mis padres me sentiría desesperanzado, como si hubiera muerto uno de esos amigos con los que iba a recorrer discotecas en mis años mozos. Se me viene a la cabeza una frase que mi mamá repite con cierta frecuencia cuando anda hojeando revistas de sociedad (esas para las que posa la únicamente la ‘seudonobleza’ de este país). Esta escena ocurre generalmente al final de la tarde cuando ella se recuesta en la cama junto a mi padre, empieza a pasar las páginas leyendo las novedades del mundo de ilusiones de los ‘ricos y famosos’ y, de un momento a otro, el silencio entre los dos se interrumpe por un repentino “¡Mira cómo está de viejo fulano de tal!”, tras el cual le señala la imagen de algún personaje que era joven cuando ellos eran jóvenes y que, igual que ellos, ha envejecido. El paso de los días, meses y años es inevitable. Todos nos vamos haciendo viejos y cada minuto nos acercamos más a nuestra obligada cita con la barca de Caronte. De hecho, aún no comprendo la candidez de los medios de comunicación que cada que termina un gobierno toman la foto del presidente cuando estaba recién posesionado y la comparan con la del mandatario terminando su periodo para demostrar cuanto envejece gobernar a Colombia. ¿Qué esperaban? ¿Que rejuveneciera? ¿Que no envejeciera? Cuatro (u ocho años si usted es Álvaro Uribe) nos envejecen a todos. Hace cuatro años yo no tenía canas y hoy sí. Hace cuatro años tenía esperanzas de no quedarme calvo, hoy tengo esperanzas de que la calvicie se detenga en el punto que está. El tiempo va dejando sus huellas, otra cosa es que queramos creer que son otros los que se arrugan y otros los que se mueren (a menos que usted sea Amparo Grisales). Pero volvamos a mis padres. No quisiera estar en sus zapatos porque hablar de la muerte de Donna Summer, de uno de los Bee Gees o la del Profesor Yarumo viene a ser como hablar de la propia muerte. Es ver que aquellos que tienen la misma edad que yo ya no son inmortales, es decir, que el fin está cerca. No quiero imaginar la desazón que me va a llenar cuando me toque el turno de ver morir a Carlos Vives o a Juanes, pero así será. Afortunadamente, sobrevive la música. --- Post-It: Con la disculpa del uso del condicional, los medios de comunicación de este país se han convertido en medios de especulación. Ya no hay vergüenza en sindicar durante dos días a una persona sobre un delito cualquiera, para que luego aparezcan nuevas pruebas contradiciendo tal suposición. Decir “Fulano de Tal habría sido el promotor del asesinato de Perencejito”, no es lo mismo que decir “Fulano de Tal promovió el asesinato” y en eso se escudan los medios. Montan videos, especulan, dañan el buen nombre de las personas y luego dicen que no pasó nada porque usaron el condicional. @colombiascopio juanpablocalvas@gmail.com
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