No soy Mandela

9 de diciembre del 2013

“Cómo sería de importante en estos momentos dejarnos llevar por sus enseñanzas”.

La muerte de Nelson Mandela nos trae a primer plano todo el prodigioso legado que su vida significó para el mundo y, a la par con sus reflexiones, aparece también la pregunta: ¿por qué no podemos ser como Mandela?

Para hacer la paz en Colombia necesitaríamos de la bondad de este gran hombre, que sometido durante 27 años al oprobio y al aislamiento, sale de su prisión sin odio hacia sus carceleros. Pero cuando se pregunta aquí si podemos perdonar a las Farc, algunas personas se apresuran a decir que esto es distinto e improvisan explicaciones de toda índole para no hacerlo.

Para hacer la paz en Colombia necesitaríamos de la firmeza de Madiba, que una vez en libertad llega a la presidencia de ese país dividido por la heridas del apartheid y sin temblarle la mano convoca a la unidad, a trabajar juntos por la reconstrucción de una Sudáfrica renovada, donde quepan todas las razas y las expresiones culturales. Pero cuando se habla de una Colombia pos conflicto muchas personas ven casi que imposible que antiguos combatientes que secuestraron y mataron gente en nombre de una ideología, se sienten en el congreso y cambien fusiles por votos.

Para hacer la paz en Colombia necesitaríamos de la claridad de Mandela, que se dio la pela de rodearse de sus ex carceleros, de gobernar con ellos, para enseñarle a su pueblo que el odio y el rencor no podían caber en una nueva sociedad. Pero cuando se piensa en la Colombia del post conflicto se piensa en retaliaciones, cárcel y hasta seguramente hay personas que sin confesarlo públicamente, ya están pensando en las múltiples formas de venganza que se podrían aplicar a los reinsertados de las Farc.

Cuando se habla de paz en Colombia necesitaríamos la verticalidad de Madiba, que llamó desde la cárcel y después desde el gobierno al desarme total de los grupos armados nacidos de la resistencia a la segregación, incluido el de su propia esposa. Pero cuando se discute el tema con las Farc se aferran a las armas y por el contrario siguen utilizándolas como lo hicieron contra la población civil en Inzá la semana pasada.

No somos Mandela, no soy Mandela. Es más, estamos muy lejos de la estatura moral y ética de ese hombre pero necesitamos urgentemente seguir sus enseñanzas. No se trata de ser “buenos” sino de ser prácticos, tal vez lo que Mandela enseñó fue eso. Hora tras hora, día tras día, mes tras mes, año tras año… fueron 27 años de cautiverio y lo que acumuló en todo este tiempo fue una sabiduría y un pragmatismo que bien podríamos adoptar y así ahorrarnos 27 años más de conflicto.

Madiba escogió no odiar. Si seguía odiando a sus carceleros a ese régimen oprobioso que separaba las personas por el color de su piel, los blancos le habrían aprisionado su alma por toda la eternidad. Aún entre rejas Mandela ya era libre y sucedió lo inevitable: los papeles se invirtieron, él voló a la libertad y sus carceleros quedaron presos. Porque el odio aprisiona y hace sufrir más que las cadenas.

Conquistada la libertad propia a partir de su decisión o su aprendizaje de no odiar, había que liberar a todo su pueblo y es aquí cuando es más pragmático y más pedagogo. Enseñar a una sociedad a liberarse de las cadenas, del odio, del rencor, para enfrentar otros problemas más cotidianos como el subdesarrollo y la pobreza.

No soy Mandela, deberíamos reconocerlo sin vergüenza, pero cómo sería de importante en estos momentos dejarnos llevar por sus enseñanzas. No hay homenaje mayor a ese gran hombre que intentar seriamente dejar el odio atrás, guardar definitivamente las armas y darnos un abrazo de reconciliación, con partido de fútbol, de béisbol, de ajedrez, o de lo que sea, pero no más ¡muertes por favor!

www.margaritalondono.com

http://blogs.elespectador.com/sisifus/

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO