No volvimos al punto cero

24 de mayo del 2015

“El propósito principal de la paz: dirimir controversias sin matarnos.”

Dolorosas. La muerte de los 11 militares en manos de las FARC el pasado 15 de abril en al Cauca. Y la mutilación del uniformado Edward Ávila por una mina antipersonal  en Convención (Norte de Santander). Como también la muerte de 26 guerrilleros de las FARC, tras un golpe de las Fuerzas Armadas, finalizando la semana pasada. No se trata de un humanitarismo ingenuo. Todas las muertes duelen cuando ocurren por diferencias políticas, si ellas pueden ser tramitadas en la lucha política civil. Y ese es el propósito principal de la paz que esta por negociarse: dirimir nuestras controversias sin matarnos.

Las FARC han reaccionado de la misma forma que el Presidente Santos a mediados de abril tras la muerte de los uniformados. Como se recordará, Santos levantó de inmediato la suspensión de los bombardeos a los campamentos guerrilleros que había ordenado como gesto unilateral en respuesta al cese al fuego, también unilateral de la guerrilla, anunciado y relativamente cumplido desde diciembre pasado, que  ahora los farianos se apresuran en dar por finalizada. Es una exhibición de dientes que cada parte necesita para no perder capacidad de maniobra en su propio campo. Y también para no parecer débil ante su contendiente.

Lo bueno, en miedo del dolor, es la decisión de Gobierno y Guerrilla de mantener la Mesa de La Habana. Ello expresa la convicción de que este largo, doloroso, costoso y degradado conflicto solo tiene formula de solución mediante una negociación política. Han sido, literalmente, pruebas de fuego, de las que tampoco se puede abusar porque también son música para los oídos de quienes le disparan a diario al proceso de paz. Por eso las FARC deben escuchar muy bien al Presidente Santos cuando advierte que el tiempo es un asunto cada vez más crítico para el proceso. Una manera de responder a esta crisis de las negociaciones es hundir el acelerador a la construcción de acuerdos que nos acerquen a un pacto final de paz.

Hay quienes piensan que, manteniendo la Mesa de La Habana, volvimos al punto cero de la negociación. Que lo avanzado en desescalamiento desapareció. Y que sencillamente hay que seguir negociando en medio del conflicto, degradado y deshumanizado, en cumplimiento de un importante supuesto de la negociación. Que los colombianos, y sobre todo, los que queremos la paz debemos resignarnos a una negociación en medio de balas, bombardeos, minas quiebrapatas, reclutamientos de menores, secuestros y extorsiones. Están equivocados. Por fortuna, la Mesa de La Habana ha generado una dinámica propia situada más allá de la estricta confrontación militar.

Es de urgencia proteger e implementar el acuerdo sobre desminado logrado en la Mesa. Cuántas vidas salvaremos y cuanta confianza entre las partes y en la sociedad podemos reconstruir. Pero también es aconsejable explorar nuevos acuerdos que contribuyan al desescalamiento de la guerra mientras conquistamos la paz. Desvinculación de menores del conflicto o suspensión del secuestro pueden ser asuntos a discutir. Importante tener plena conciencia en que hay un camino recorrido. Que en estas negociaciones no debe haber ni un paso atrás.

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