¿Nos toca pagar los platos rotos?

¿Nos toca pagar los platos rotos?

2 de noviembre del 2017

Entre un Timochenko con ganas de poder (como si pudiéramos olvidar tan fácil que tiene sus manos manchadas de sangre), escándalos en el Sena, y encuestas a diestra y siniestra, el tema viene pasando de agache. El primer en anunciarlo, fue el director de la ANIF, la institución que agrupa a las entidades financieras: Es necesario aumentar la edad de pensión. Sí, el señor, voz autorizada y legitimada de los que manejan nuestra plata, asegura que debe reformarse la ley para que las mujeres pasen a jubilarse ya no a los 57 sino a los 62 años, y los hombres ya no a los 62 sino a los 67 años.

Es decir, para una generación como la mía, la que tiene que lidiar con cuentas de cobro y trabajos informales. La misma a la que las empresas no quieren contratar por largos periodos de tiempo, el asunto de la pensión y las posibilidades de disfrutar el dinero que con rigurosidad hemos ahorrado durante años, no se podrá disfrutar nunca. Olvídense, estimados, de la imagen del tipo feliz viajando por el mundo, disfrutando de la vida después de haberse jodido en sus mejores años.

Vamos por partes: Los argumentos de los técnicos y economistas son claros, la informalidad en el país ronda el 60%, por lo que son muy pocos los que aportan para mantener a una masa que exige pensionarse. Encima, dicen esos mismos expertos, el Estado ha sido históricamente generoso, otorgando subsidios (entre el 50% y el 70%) muy altos en su sistema pensional.

A esas tesis ya se han sumado algunos candidatos presidenciales, el primero de ellos el pre candidato del Partido Liberal Juan Fernando Cristo (habrá que ver cómo le va explicándole esto a los colombianos y pidiéndonos su voto). Quizá por quedar bien con el gremio financiero, varios precandidatos se han acomodado rapidito bajo sus mismos argumentos, sin ningún pudor.

Por supuesto, para ellos la prioridad es que la cifra cuadre y eso se entiende.  Pero lo que no puede explicarse, es por qué siempre el colombiano promedio, como usted o como yo señor lector, es el que termina pagando los platos rotos. Poco o nada dice ANIF y esos mismos expertos, del enfermizo y sistémico modelo de corrupción sobre el que está parado nuestro Estado y que se lleva unas tajadas tan grandes como para cubrir buena parte de las cifras que a la ANIF y a los Economistas les faltan.

Los argumentos del gremio financiero son claros. Pero también es claro que si no acompañamos la presión social y política para desterrar las estructuras criminales que nos sacan la plata del bolsillo (esa que hoy ya tiene caras como la del ex Gobernador Alejandro Lyons o la del ex Fiscal Anticorrupción Gustavo Moreno), nos tocará a los demás, pagar el hambre de dinero de los que se atornillaron en los espacios estatales para convertirse en multimillonarios de la noche a la mañana.  Ese reclamo, por su puesto, difícilmente lo pueden hacer la mitad de los actuales precandidatos de los partidos tradicionales, pues van a terminar tapándose con la misma cobija.

¿Nos tocará a los colombianos que hoy estamos entre los 30 y 40 años, asumir lo que se roba un cartel de hampones?

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