Nos voltearon el tablero

19 de julio del 2016

¿Por qué no hemos tomado distancia para poder unir los puntos?

opinion

“El socialismo totalitario no desapareció en 1991 con el colapso de la Unión Soviética, todo lo contrario, ha mutado…” César Vidal

Llevábamos años convencidos de que el juego democrático lo jugaríamos durante el siglo XXI o en buena parte de él. Vana ilusión, nos voltearon el tablero, las fichas son otras y las reglas no las conocemos. ¿Cómo jugar en esas condiciones? Es imposible. Y quienes lo hicieron nos exigen que participemos argumentando que es dentro de “principios democráticos” y que si nos oponemos seremos calificados de subversivos.

En eso son hábiles, en suplantar el juego y hacer semblante de que se mantienen las viejas reglas, solo para confundirnos y manipular cualquier acto que realicemos dentro de lo que considerábamos legal y representativo, de lo que no queda sino el espectro para seguir haciendo el teatro de que en este rincón del mundo se mantiene la democracia.

Porque mientras intentábamos construir un país cimentado en la libertad y la justicia, subterráneamente se fueron agrietando sus bases por el continuo y persistente accionar de quienes, en nombre de una pretendida igualdad, destruyen los valores fundamentales con los que se alcanzan la libertad y la justicia.

Para Omar Bula Escobar se trata de un Plan Maestro: “Una sombría maquinación internacional que se organiza desde hace algunos años con designios verdaderamente macabros y cuyo objetivo mayor es el de nivelar el terreno de batalla entre los EEUU y sus principales antagonistas, mediante la implantación del arma nuclear en territorio latinoamericano”. Esas son palabras mayores que soltadas así de repente pueden parecer ciencia ficción pero quien las escribe lo hace con suficientes argumentos y se empeña, a través de libros y de conferencias, en hacer conocer esta terrible realidad a quienes no la vislumbran por no tomar “la distancia necesaria para unir los puntos y armar el rompecabezas de la monstruosa calamidad que se nos viene encima”.

¿Por qué no hemos tomado distancia para poder unir los puntos? ¿Cuál es la razón de que nos mantengamos ciegos ante la “monstruosa calamidad” que tenemos encima? En reciente charla de Óscar Iván Zuluaga, en la que hizo una clara exposición de lo que “se nos vino encima”, pude notar que no mencionó una palabra que, en mi opinión, debería estar resaltada cuando se quiere ver de frente la “monstruosa calamidad” y es la de COMUNISMO. Considero que sin ella el discurso crítico se tambalea porque es la que une los puntos y nos obliga a ver más allá de nuestros ombligos.

¿Desde cuando estamos bajo la amenaza del comunismo? En magistral charla dictada en Miami por Ricardo Puentes mencionó que está presente desde 1918 y se ha mantenido en forma continua y persistente hasta el momento actual cuando están por lograr sus terribles metas.

Dentro de los momentos en los que la amenaza comunista se ha hecho más visible hay uno que guarda todas las claves. A dos importantes personajes de la vida nacional les he escuchado relatar lo que ocurrió el 9 de abril de 1948. Por una parte a Miguel Santamaría Dávila quien cuenta con lujo de detalles como Fidel Castro fue entrenado, junto a otros jóvenes cubanos, por la Unión Soviética para sabotear el Plan Marshall que se pensaba poner en practica para América Latina teniendo en cuenta su éxito en Europa. El camino fue armar una revuelta sangrienta asesinando a Jorge Eliecer Gaitán. Y por otra a Mariano Ospina Hernández quien en reciente entrevista mencionó el papel jugado para esta acción terrorista por Rómulo Gallegos, presidente de Venezuela, quien envío las armas con que se perpetraron múltiples asesinatos en esa fecha de dolorosa recordación. Según cuenta el mismo Fidel Castro “recién había asumido la presidencia el destacado escritor Rómulo Gallegos. Nosotros tuvimos el propósito de conversar con él, de quien teníamos un magnífico concepto. A tal efecto le solicitamos una entrevista, la que se nos concedió para el otro día”.

También hay quien menciona el papel jugado por Perón y otros amigos del comunismo en esa “sombría maquinación internacional”, la misma que ahora muestra sus garras con mayor ferocidad. Y de eso y de otras cosas sabía el gobierno de la época o sino cómo explicar la súbita ruptura de relaciones de Colombia con la Unión Soviética poco tiempo después de los acontecimientos del 9 de abril. Hace cuarenta años Fidel Castro relató su participación en los sucesos ocurridos el 9 de abril de 1948 en Bogotá. Dijo lo siguiente: “Me deprimía el cuadro de América Latina, dividida en numerosos Estados y Repúblicas débiles y empobrecidas. Tenía muy presente la prédica incesante de Martí en favor de la unión de América para defenderse del creciente expansionismo, del poderío colosal que se desarrollaba en los Estados Unidos del Norte. De una manera muy simple, a través de un razonamiento muy sencillo, yo estaba persuadido de que Estados Unidos era el gran enemigo de la Unión y del desarrollo de las naciones hispanoamericanas, que Estados Unidos siempre haría todo lo que estuviera a su alcance para mantener esa debilidad y esa división sobre las cuales ellos realizaban su política de manejar a su antojo la suerte de nuestros pueblos”.

¡Lo deprimía! ¡Latinoamérica dividida deprimía al pichón de tirano! Y para curarse de la depresión ¿por qué no armar una pequeña revolución en plena Conferencia Panamericana cuando se tenía previsto implementar el Plan Marshall? Y que mejor manera de llevarla a cabo que asesinando a un líder que había predicho con claridad lo que ocurriría: “Ninguna mano del pueblo se levantará contra mí y la oligarquía no me mata, porque sabe que si lo hace el país se vuelca y las aguas demorarán cincuenta años en regresar a su nivel normal;

Y para unir algunos de los puntos, menciono lo que leí en un reciente artículo escrito por los venezolanos Aura Marina Palermo y Federico Boccanera: “La incursión estelar de Fidel Castro en el terreno político nacional, se visibiliza finalmente con su recibimiento entusiasta por parte de la intelectualidad y medios, en la cumbre inaugural del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez en febrero de 1989, la cual precede en apenas 25 días al estallido social nacional del “Caracazo”, del cual mucho se duda acerca de su espontaneidad.”

Del “bogotazo” al “caracazo” hay una diferencia de cuarenta y ocho años pero la estrategia es la misma dentro de “la sombría maquinación” de la que somos víctimas.

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