Noticias de tacón alto

13 de septiembre del 2012

Nada tiene qué ver la columna de hoy con el tema de género, aunque todas sus protagonistas sean mujeres que, esta semana, han prestado sus rostros y sus curvas –y sus taconeos–, al bufé del banquete noticioso que, aquí y allá, siempre está servido para los ávidos comensales. El prójimo es, de lejos, la comida […]

Nada tiene qué ver la columna de hoy con el tema de género, aunque todas sus protagonistas sean mujeres que, esta semana, han prestado sus rostros y sus curvas –y sus taconeos–, al bufé del banquete noticioso que, aquí y allá, siempre está servido para los ávidos comensales.

El prójimo es, de lejos, la comida preferida de los usuarios de los medios de comunicación, las redes sociales y los mentideros de cualquier índole. Y si es mujer, tanto mejor. Más suculento el menú, más demandado, más veloces correrán de-boca-en-boca la información y la imaginación.

Para muestra, estas degustaciones:

Griselda Blanco. Toda la vida había oído hablar de la Reina de la Coca, sin que nadie me proporcionara información de primera mano. Llegué a pensar que, al igual que la Patasola y la Madremonte, Griselda también era una presencia de nuestra mitología urbana. Pero no. La leyenda negra de Blanco, a juzgar por la tinta que ha corrido últimamente, murió cuando la mataron. El mismo día en que Hollywood comenzó a insuflarle aliento a lo que en realidad era: una tenebrosa mujer de carne y hueso que nació, vivió y murió para el crimen. Y que, gracias a eso, quedará inmortalizada en la gran pantalla. Camino culebrero el que la condujo a la celebridad.

Cristina Fernández de Kirchner. Más pintada que una puerta y de negro hasta los pies vestida, esta viuda, que ha sabido obtener réditos electorales con la muerte del marido, sacó al sol los trapitos de sus paisanos. Bueno, un solo trapito en esta ocasión; tal vez con el que más molestan a los argentinos: el del ego. (¿Se acuerdan del chiste ese de que un argentino se descalabró porque se cayó del ego?). “Sólo hay que tenerle temor a Dios y a mí, en todo caso, un poquito”, dijo a los televidentes, muy brava ella, en reciente alocución transmitida por la radio y la tele. Con su sonsonete de arrabal y sus uñas laaargas. Tanto tango, Dios mío. (¿Cristina mía?, já). Lo próximo, fundará una iglesia.

Yidis Medina. Alma y nervio de la llamada yidispolítica, la susodicha es un claro ejemplo de lo que es ir por lana y salir trasquilado. Aterrizó de emergencia en la fama, cuando el periodista Daniel Coronell dio a conocer un video (ay, los videos) en el que la entonces congresista confesaba haber vendido su voto para la aprobación del proyecto de reelección del expresidente Álvaro Uribe. Desde entonces, su vida no para de dar vueltacanelas. Salió del anonimato, posó como una ballena anclada en las playas artificiales de la revista Soho, perdió la libertad. Y la confiabilidad que no sabemos si alguna vez mereció. Y, como si fuera poco, enfrenta ahora, en solitario, 32 años de cárcel por secuestro extorsivo. ¿Yidis secuestradora? Yo a ella no le creo ni mú –me parece menos boba que peligrosa–, pero tampoco creo a los jueces en esta condena. Amanecerá y veremos.

Olvido Hormigos. Qué pena con doña Olvido, pero si como concejala es tan tontarrona como demostró serlo en una noche de calentura, y si su actuación es común denominador en la corporación, en manos de quiénes está la representación popular de Los Yébenes (España). Tontarrona no por lo que hizo –cada quien se defiende como puede–, sino por haberse realizado un video haciéndolo. Una imprudencia de adolescente, increíble en una mujer madura que debe conocer muy bien –además de por la edad, por el puesto público que ocupa– el papel de Gran Hermano que representan las redes sociales en nuestras tecnológicas vidas. Cualquier cosa que entre a la red es vigilada y tiende a salir, con o sin la voluntad de los protagonistas. Color de hormiga la está viendo la señora Hormigos, todo por un erótico olvido. Nada es privado después del click.

Shakira. Debe ser pura coincidencia, pero pareciera que Piqué está salando a Shakira. En los últimos meses, la artista, que tan bien nos ha hecho quedar en el mundo entero, ha sido comidilla de las informaciones del corazón, más –mucho más– que en los años que lleva llenando auditorios adonde quiera que va. Su vida personal se ha superpuesto a la artística, desde el waka-waka que todos recordamos, punto de inflexión para que la prensa comenzara a manosearla. Los inicios clandestinos del romance con el futbolista, la ruptura –por comunicado– con Antonio de la Rúa, el himno mal cantado en la Cumbre de las Américas, el supuesto embarazo, la pelea con sus empleados de confianza, las demandas y contrademandas, etcétera, desplazaron sus facetas de compositora y cantante. Y no es un waka-rumor, lástima.

Dobleclick. Para próxima oportunidad quedaron: Valerie Trierweiler, la nueva arpía de El Eliseo; Sandra, la de “Marulanda”, única mujer visible en el naciente proceso de paz; Karina Bolaños, ex ministra de juventudes de Costa Rica –un video de aquellos le quitó el puesto– y Dania Londoño, exprostituta de Cartagena –un escándalo la catapultó al cotilleo internacional–, en pelota picada y remunerada en la revista española Interviú; y Sofía Vergara, la actriz que puso precio a sus cachos, para disuadir de caer en tentación a su futuro esposo.

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