Novela de detectives para buscar la belleza

27 de agosto del 2011

    “La novela negra es la novela política de la postmodernidad”. Juan Madrid Otra vez son el misterio y la búsqueda de la verdad sobre un asesinato las razones de la escritura.  Parece que en nuestro tiempo de incertidumbres varias crecieran la necesidad de certeza y de desentrañar lo oculto.  De allí surge la […]

“La novela negra es la novela política de la postmodernidad”.

Juan Madrid

Otra vez son el misterio y la búsqueda de la verdad sobre un asesinato las razones de la escritura.  Parece que en nuestro tiempo de incertidumbres varias crecieran la necesidad de certeza y de desentrañar lo oculto.  De allí surge la novela negra cuyo auge también se explica porque es la que mejor define a la sociedad actual, que tiene a la corrupción y al robo como parte de su idiosincrasia, dice Juan Madrid.  Esa es “la única literatura posible hoy en día; en este mundo no hay más que soledad, angustia, explotación, violencia. O se cuenta así o no se cuenta”, añade el escritor español.

A eso se debe, en parte, el éxito de Blanco nocturno de Ricardo Piglia, publicada por Anagrama.  La obra, que “ha tenido mucha suerte”, según su autor, quien considera que los reconocimientos son “relámpagos de los medios que duran un cierto tiempo y los vivo con incomodidad y con distancia”, recibió el Premio Rómulo Gallegos 2011.  Por este mismo relato le fueron concedidos el Premio Nacional de la Crítica de España y el premio Hammet de novela negra de la Asociación Internacional de Escritores Policíacos.

Pero lo oculto remite a muchas cosas en esta narración de la tradición gauchesca y borgiana, con rasgos autobiográficos, que disfrazan la búsqueda del asesino de Tony, el puertorriqueño inmigrante de New Jersey que nunca estaba tranquilo, no podía quedarse quieto, porque buscaba un lugar donde no lo trataran como a un ciudadano de segunda clase. Tony, que llegó a la provincia de Buenos Aires con mucha plata.

La pesquisa surge de la pregunta del detective Croce, que actúa por  intuición y pasa temporadas en el manicomio,  “¿Cómo puede ser que nadie lo haya visto a Durán ese día?”. Lleva a errores como la falsa inculpación a Yoshio Dazai, el jockey de origen japonés; hace pensar que la tragedia surgió del triángulo amoroso entre Ada y Sofía, las mellizas Belladona, y Tony Durán, o de las competencias de caballos entre Luján y Ledesma. Se desvía por caminos insólitos sorprendiendo al lector que asume que la investigación y el relato tomarán otro rumbo.

Averiguaciones que enredan a todo el pueblo porque la historia de la familia Belladona es inseparable de ese lugar donde se impone lo ilícito y se trafican divisas, donde el fiscal Cueto distorsiona evidencias y desestima testimonios para sus fines. Y en cuyas cuadras se juega más dinero que en el Derby de Kentucky.  Muchos se sienten culpables. Todos están vigilados.

A partir de una polifonía, con errores de gramática, se cruzan los destinos que recoge el periodista Rienzi, alter ego de Piglia, para hacer una novela, la que leemos.  Luca Belladona, defensor de su fábrica contra “el progreso” que la convertirá en centro comercial, ocupa un lugar de privilegio, ajeno a lo putrefacto. Luca, “Que estuvo a la altura de sus ilusiones”, y actuaba como un matemático y un poeta, uniendo la razón y la belleza. Se suicidará.

Luca y Croce: homenajes a la integridad, la decencia, la aspiración a lo trascendente.  Atrapados en el infierno pueblerino.

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