Nuestra Izquierda está enferma

19 de junio del 2012

Ver en las primeras páginas de los diarios la información de que Gustavo Petro fue operado de la cabeza para extraerle dos coágulos y que Angelino Garzón fue hospitalizado para chequeos preventivos por haber sufrido una baja de presión ha sido un golpe duro para la izquierda colombiana, que ve, en estos reportes médicos, reflejada […]

Ver en las primeras páginas de los diarios la información de que Gustavo Petro fue operado de la cabeza para extraerle dos coágulos y que Angelino Garzón fue hospitalizado para chequeos preventivos por haber sufrido una baja de presión ha sido un golpe duro para la izquierda colombiana, que ve, en estos reportes médicos, reflejada su situación política: los que están enfermos nos son solo dos de sus principales representantes o, por lo menos, los dos mejores colocados, sino toda ella, nuestra izquierda democrática, esa que soñamos que pudiera ser algún día alternativa de política y que se encuentra sumida en una profunda crisis,  despojada de cualquier capacidad de poder.

Cierto es que en política nadie está realmente acabado y que en muchos casos se producen resurrecciones como la del ave fénix que se levantó de las cenizas; así mismo hemos visto que muchas personas regresan a la arena política para recuperar liderazgo y posiciones, pero a la izquierda democrática colombiana esta enfermedad se le está convirtiendo en un mal crónico, de esos que no matan pero inhabilitan, de esos que no la deja levantar cabeza y que van a posponer por muchos años su capacidad de ser opción de poder.

La situación de Petro es lo más parecido a la de una persona atacada por un enjambre de avispas y que en un acto de valentía no sale a correr o se tira a un charco de agua para salvarse sino que empieza a dar palmetazos al aire intentando aplastar los ataques furiosos de las avispas y en este acto desesperado acaba dándose él mismo dolorosísimas cachetadas y aumentando la furia de las avispas.

No solo duele y preocupa ver postrado a Gustavo Petro, sino leer la carta durísima con que su leal escudero Daniel García-Peña le reclama el estar en camino de convertirse en un déspota, de izquierda pero déspota al fin y al cabo.

Angelino, el más colaborador de los colaboradores de la izquierda, tal vez por tener esa mal entendida convicción democrática de que se puede cogobernar con cualquiera, ha servido con igual denuedo a la izquierda, la derecha y el centro y en ese proceso ha ido borrando los límites de su ideología o por lo menos la expresión legítima de su pensamiento. Angelino se está convirtiendo para el establecimiento en el comodín que su usa y luego se descarta.

En otros sectores de la izquierda también hay expresiones variadas de enfermedad crónica: El Polo Democrático, encerrado en su torre de cristal, expulsando a los que se apartan de la línea oficial y sin conseguir aumentar seguidores porque está desconectado de sectores jóvenes y modernos. Ese Polo que alejó a Petro a Navarro, que está lejísimos de Angelino y del que muy probablemente se alejen parlamentarios tan valiosos como Avellaneda.

Y La Marcha Patriótica, ese conglomerado de movimientos populares que hasta la fecha no han conseguido exponer su ideología con claridad  ni establecer linderos apropiados con la izquierda armada, esa otra expresión de izquierda que no se escapa del mal que tiene postrada esta importante expresión de la política colombiana.

Hay  que reconocer que nuestra izquierda está enferma, tiene un virus letal, que la está autodestruyendo, que no le permite dialogar a su interior, organizar coaliciones que sean opción de poder, sumar fuerzas para contrarrestar a ese centro derecha cada vez más sofisticado y moderno que está gobernando nuestra nación.

La izquierda, esa en la que quisiera militar, esta desangrándose en luchas intestinas que van a ser mucho más difíciles de superar que esa delirante etapa de los Moreno, cuando se llevó a la supuesta izquierda que ellos representaban a identificarse como un selecto grupo de bandidos.

Necesitamos a la izquierda, necesitamos un ejercicio democrático de oposición, más aún cuando el gobierno anda engolosinado con su Unidad Nacional aprobando esperpentos como la Reforma a la Justicia o inutilidades como el marco legal para la paz, solo con la oposición de un tuitero desaforado y huérfano de poder.

Que quede claro que digo que nuestra izquierda está enferma, no muerta y así como deseo con todas mis fuerzas que Petro y Angelino recuperen la salud lo más pronto posible, así mismo deseo ver a esa expresión de la política democrática, tomándose la medicina a tiempo para recuperar la salud física y mental.

Queda Navarro, un hombre que cada vez se ve más sereno, más concentrado en trabajar hacia el futuro, más convencido de que hay que formar un frente de resistencia democrática. ¿Será que ese Navarro se parece más a un Quijote que a un político de izquierda?

www.margaritalondono.com

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