El abuso con Dios y otras 9 grandes fallas en el plebiscito

El abuso con Dios y otras 9 grandes fallas en el plebiscito

3 de Octubre del 2016

Una de las cosas que no debemos hacer es precisamente lo que lee usted en este texto: criticar lo que ya sucedió, como si fuéramos los mejores jueces de un pasado que finalmente ayudamos a convertir.

Aun así, hay otras cosas que me permito contar:

1. Me encontré el último mes con dos mujeres cristianas y la conclusión de ellas de votar por el No se justificó en no creer en el perdón de las Farc porque, según decían, ese perdón no se daba con un arrepentimiento sincero. Este domingo también vi en TV a un señor de la Iglesia decir que estaba en desacuerdo con el plebiscito porque el acuerdo había iniciado y terminado con magia negra. No soy un fervoroso creyente, pero lo mínimo es concebir un Dios que prefiera como sea menos muertos.

El discurso religioso pesó y lo malo fue que se manipuló hacia intereses políticos, abusando de la fe del incauto.

2. Muchos de los que defienden el Sí culparon de posibles nuevos muertos a los del No. En otras palabras, les dijeron a seis millones de personas que eran homicidas. Eso no es paz. La guerra también es verbal. Es básico, toca calmarnos.

2. Hay un libro que se llama “Informar no es comunicar”, de Dominique Wolton, y se resume en que hoy no basta con anunciar las cosas sino que debe haber una real comunicación con las personas, interactuar, responder sus inquietudes. El Gobierno Santos ha fallado siempre en su comunicación. Informa si acaso y lo hace sin promover cercanía, sin explicarle las cosas a la gente. Este domingo, volvió a probarse que no comunica. Punto.

3. Los periodistas han servido mucho, pero también han sido una falla en este proceso. El New York Times envió hace poco un memorando a toda la redacción del diario para recordarles a sus periodistas que está prohibido opinar sobre política. En el plebiscito, casi todos anunciaron sus preferencias –lo cual puede ser visto también como un acto de sinceridad con la audiencia- pero pecaron porque pasaron del anuncio a la promoción del voto. Mermaron su credibilidad y confianza y, de paso, perdieron unos medios de comunicación que intentaron explicar (algunos muy parcializados) el acuerdo. En cualquier caso, toda postura iba en contravía de lo que sufragó medio país. Así fue más difícil creer en una explicación imparcial de las cosas.

4. A este país no se le puede pedir que lea 300 páginas de un acuerdo y menos en tan poco tiempo. No nos engañemos, no se las lee ni porque fueran deportes o noticias amarillistas acompañadas de modelos en tanga. Y en esa medida no se le puede hablar a la gente por igual de lo que se está pactando. Entre tantas apreciaciones, la gente terminó votando por algo que no sabía qué era. Y además votó muy poca: el 62,59 por ciento de los colombianos habilitados no fue a las urnas. Se decidía el futuro del país y al pueblo no le importó.

5. Afín con el punto anterior, el resultado del plebiscito a muchos dio pena, pero varios de esos dizque líderes de opinión –con la victoria del No queda claro que no lo son- empezaron a tuitear o declarar que les daba la vergüenza este país. Ese no es su papel. El mensaje para la gente no puede ser ese sino el de analizar la situación y comprender que es mejor el optimismo a un derrotismo emocional.

6. Otra falla: las encuestas. Al decir ellas que iba a ganar el Sí, muchos se confiaron, como siempre. Los medios fueron publicando sus resultados según su conveniencia y hoy –al menos para mí- se ratifica que sirven para muy poco, para hablar un rato de sus resultados –quizá con un tinto en el break de la oficina. Sus análisis solo terminan por ser suposiciones.

7. Otra culpa es de todos, de los memes ofensivos, de las actualizaciones mentirosas en Facebook, de andar opinando sin saber, de comentar como evangelistas o con una cursilería agobiante. Produjimos y consumismo basura digital en cantidades alarmantes.

8. Finalmente, un craso error, aleccionador por demás: Santos fue a la ONU y anunció que había acabado la guerra (bueno, por ahora no se ha reanudado) y en Cartagena se gastaron un mundo de plata para firmar algo que no se concretó. Un colombiano típico deja todo a última hora o, tristemente, se anticipa sueños que no se han hecho realidad.

En Twitter: @javieraborda

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