Nuevo POT promueve desmedido crecimiento de Bogotá para los próximos 12 años

10 de abril del 2019

Opinión de Jorge Torres

Nuevo POT promueve desmedido crecimiento de Bogotá para los próximos 12 años
  • El Distrito pretende expandirse algo más de 5.700 Ha, principalmente al norte de la ciudad, el equivalente al tamaño de las localidades de Chapinero y Teusaquillo, lo cual implicaría una posible unión física o conurbación entre Bogotá y los municipios de Chía y Cota.

Para 2004, fecha en que se adoptó el Plan de ordenamiento territorial (POT) vigente, el suelo urbano de la ciudad –es decir, el suelo urbanizado y con servicios públicos-, era de 37.945 Ha, pero con la incorporación de nuevos suelos por el desarrollo de proyectos inmobiliarios pasó en 2015 a 38.430 Ha.

Hoy, la propuesta del nuevo POT, que debe realizarse cada 12 años y se halla en concertación de temas ambientales ante la Corporación Autónoma Regional y la Secretaría Distrital de Ambiente, señala que el suelo urbano de Bogotá es de 39.221 Ha.

Es decir que, en los últimos 15 años, de 2004 a 2019, la ciudad se expandió 1.276 Ha, casi 4 veces el área del Parque Simón Bolívar.

Por su parte, el suelo de expansión urbana -donde se prevé el futuro desarrollo urbanístico-, incluía en 2004 algunas áreas del norte, occidente y sur de la ciudad, y contaba con 2.974 Ha. Y aunque se desarrollaron algunos proyectos en estos años, principalmente de vivienda, poco se pudo usar este tipo de suelo, en particular al norte de la ciudad, debido a las dificultades normativas que surgieron en torno a la aprobación del Plan Zonal del Norte.

Con la nueva propuesta del POT, la ciudad pretende destrabar el desarrollo de la zona norte, donde se adelanta actualmente el proyecto Lagos de Torca. Pero también está involucrada la eventual reestructuración de la Reserva Van der Hammen, propuesta por la actual Administración, que ha suscitado una gran controversia dado que esta área es una de las últimas reservas ambientales con las que cuenta la ciudad dentro del perímetro urbano.

En este sentido, es inquietante ver cómo la actual revisión del POT propone pasar de 2.974 Ha de suelo de expansión a 5.712 Ha durante los próximos 12 años –prácticamente el doble-, un área que equivale a lo que ocupan las localidades de Chapinero y Teusaquillo juntas.

Mapa 05. Clasificación del Suelo.

Tomado de. Cartografía Revisión POT 2019

Esto significa que se habilitaría una gran porción de territorio, contemplado antes como suelo rural, en buena medida en los límites con los municipios de Cota y Chía, para ser desarrollado a mediano plazo mediante los llamados Planes Parciales. Y son varias las implicaciones de esta decisión.

En primer lugar, la vocación del uso actual del suelo rural, dedicado al aprovechamiento agrícola, forestal y de recursos naturales, pasaría a una vocación de construcción y urbanización en las áreas circundantes de la Reserva Thomas Van der Hammen.

En segundo lugar, al cabo de 12 años, y con el crecimiento proyectado de los municipios que colindan con Bogotá, estaríamos a punto de crear una unión física con los perímetros urbanos de Chía y Cota, sin que exista una instancia metropolitana que aborde estas dinámicas urbanas.

Estos procesos de unión traen consigo la ampliación de los servicios urbanos de la ciudad hacia los municipios adyacentes, teniendo que atender las nuevas demandas de transporte, equipamientos e infraestructura, panorama similar a lo que pasa hoy en día con Transmilenio en Soacha. De igual forma, es muy probable que se creen conflictos administrativos entre los municipios sobre factores determinantes como la seguridad, movilidad, control a la informalidad y provisión de servicios públicos.

Y, en tercer lugar, Bogotá tendría que crear por lo menos dos alcaldías locales más, teniendo en cuenta que las localidades de Suba y Usaquén, unas de las más grandes en área y población, serían insostenibles en caso de adherirse estas nuevas zonas al Distrito.

Por otra parte, el Distrito ni siquiera tiene claro aún dónde comienza y termina su suelo de conservación ambiental y/o protección, pues la proliferación de urbanizaciones informales parece incontenible. Pero lo cierto es que no puede seguir compartiendo su categoría y clasificación con el suelo urbano y de expansión, pues su vocación está orientada a proteger la estructura ecológica principal de la ciudad.

Así las cosas, estamos yendo en contravía de lo que el mismo POT se ha propuesto desde sus primeros planteamientos: la consecución de una ciudad compacta y cercana. De esta forma, debemos exigir que en la revisión del nuevo POT, que llegará en los próximos meses al Concejo de Bogotá, se dejen establecidos unos límites urbanos que protejan a toda costa la estructura ecológica y ambiental del Distrito, y se tracen unos instrumentos de gestión que privilegien el redesarrollo y la renovación urbana al interior de la ciudad con el fin de detener la separación entre los sitios de vivienda y las áreas productivas de la ciudad.

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