Ojo por ojo, ¡no por favor!

19 de noviembre del 2015

¿Estamos confinados a ser una especie decadente condenada a la guerra, el sufrimiento y la involución?

Las masacres de personas civiles ocurridas en París, el viernes 13 de noviembre, golpeó de manera extrema nuestra sensibilidad,  produjo un sinfín de reflexiones acerca de la evolución de la especie humana, de su persistente vocación por al uso de la violencia cruel, para justificar inútilmente razones de orden religioso, político y económico. Nada justificará a estas alturas del desarrollo, el uso de la violencia y de la muerte como método de adoctrinamiento o de venganza. Si bien, esta secuencia absurda de ataques indiscriminados se viene repitiendo en la humanidad, casi desde sus mismos albores, pensamos que estos comportamientos deberían estar en el desván de la historia hace mucho tiempo. Pero no, a cada nueva irracionalidad se responde con una irracionalidad mayor, por este esquizofrénico camino nos acercamos, nuevamente, al abismo de una nueva conflagración mundial, que ya toca las puertas de la aterrada e indefensa opinión mundial.

En el largo proceso de la evolución humana y la configuración del cerebro del homo sapiens fue necesario acoplar estructuras mentales que en un principio se nutrieron de la agresividad  para poder sobrevivir  como especie, pero ya es más que tiempo suficiente para entender que solo a través de la razón y de la reflexión, será posible adquirir la madurez necesaria que nos lleve a respetarnos como especie y a respetar la naturaleza, lugar de donde hemos salido y al cual regresaremos inexorablemente.

Si bien la agresividad hace parte como instinto de la naturaleza del hombre, necesaria para defenderse y lograr la supervivencia como individuos y como especie, esta, necesariamente no debe ser manifestada en forma de violencia, ya que existe otra contraparte también en la misma naturaleza del ser humano que es su racionalidad, que le permite canalizar positivamente la energía de su agresividad en la comprensión superior y solución a las necesidades evolutivas de la humanidad.

Ha sido la disyuntiva a través del devenir histórico,  VIOLENCIA – COMPRENSIÓN, la primera regida por el miedo a perder: Poder, supremacía, reconocimiento, posiciones económicas y/o productivas, propiedades, visiones del desarrollo, miedo que se concreta en todo lo negativo, terrorífico que existe y ha existido en nuestro planeta. La comprensión por el contrario, solo se da como expresión del amor, que se concreta en el respeto, la solidaridad, el servicio, la justicia y la equidad,  la responsabilidad con la evolución  espiritual y cultural de los pueblos, artífice de todo lo constructivo y satisfactorio que ha producido la humanidad.

El orden internacional se ha movido siempre en la balanza: VIOLENCIA – COMPRENSIÓN, donde hay países cuya respuesta siempre ha sido la guerra en todas sus formas y etapas, en cambio ha habido otros que se han  caracterizado por hacerle frente a los momentos difíciles y a los conflictos históricos con un matiz de comprensión -caso Francia en la segunda guerra mundial- midiendo costos para su población y para la Humanidad. Sin embargo dolorosamente vemos que esta contra tendencia de comprensión se viene revirtiendo, y su respuesta se da en el mismo nivel de irracionalidad que plantea su contrincante.

Podemos y debemos preguntarnos frente a la inminente catástrofe social, ¿qué puede ocurrir? ¿Estamos confinados a ser una especie decadente condenada a la guerra, el sufrimiento y la involución? ¿O  podrá darse una posición de un país o grupo de países que invoquen la triada de la Revolución Francesa: Igualdad, Libertad, Fraternidad y que como autoridad mundial, con su  voz  exprese un “Detente” antes de irnos por los desfiladeros de la muerte, convocando ahora a los irracionales poderes a pensar con visión de futuro en una nueva humanidad, una nueva tierra regida por la comprensión, la solidaridad y la justicia social que permita buscar otros caminos de convivencia internacional, los que pasen por el entendimiento de las necesidades reales de cada parte en conflicto y por  la concertación armoniosa en la solución de sus dificultades. En esta forma podríamos comenzar a dominar el viejo reptil que anida en las profundidades del cerebro y a superar la cultura imperante de la muerte.  Si esta hipótesis llegara a cumplirse, las futuras generaciones se sorprenderán y avergonzaran de la prehistoria vandálica de la Humanidad.

Esta es la razón del título. No podemos retroceder al horroroso pasado, impunemente, de la ley del  Talión cuando era “Ojo por ojo y diente por diente”. Eso es lo que reclaman los mercaderes de las armas, de la muerte, de las guerras, ampliamente conocidos por la opinión mundial.  No se puede, enceguecidos por el odio y la venganza bombardear indiscriminadamente territorios donde se supone se esconden los enemigos, pero donde se arrasa sin ninguna consideración a mujeres, niños, ancianos que no tienen ninguna culpa en los dolorosos hechos ocurridos.

La sociedad de occidente debe analizar fría y serenamente su modelo de desarrollo político y económico. Este análisis debe llevarla a ser consciente de sus profundas fallas y desajustes y esto debe conducirla a propiciar cambios, por un modelo diferente: Solidario, justo, fraternal, incluyente, respetuoso de los Derechos Humanos que allí nacieron y que incluya urgentemente la protección de nuestra saqueada y vapuleada “madre tierra”.  Solo así será posible decir que el paraíso del hombre está aquí en la Tierra y es la nueva cultura de la convivencia respetuosa y pacífica, volcada triunfante contra toda forma de violencia física, psíquica y  social.

EX.EMBAJADOR DE COLOMBIA EN EUROPA

VICEPRESIDENTE COMITÉ PERMANENTE POR LA DEFENSA DE LOS DD.HH. (CPDH)

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