La esperanza del petrismo

7 de julio del 2018

Opinión de Ignacio Arizmendi Posada.

Ignacio Arizmendi

Durante la reciente campaña electoral, las piezas propagandísticas del partido de Gustavo Petro presentaban a este como ‘la esperanza de Colombia’. Querían significar que portaba la solución incuestionable para nuestros males. Pero como perdió la partida y la política es dinámica, la esperanza cambió de coordenadas, sentido y forma: ahora no es Colombia la que, supuestamente, mira a Petro como la esperanza, sino que es Petro el que mira a Duque como su esperanza, y le suma a Manuel López O., el nuevo presidente de Méjico. Por lo tanto, la esperanza para el mesías de Ciénaga de Oro se ha convertido en una moneda de dos caras: en el anverso, Manuel López O., y en el reverso, Iván Duque.

Por ello los petristas y su líder ya empezaron a prenderle velas al futuro mandatario mejicano tras triunfar en las elecciones de su país. El petrismo está feliz, pues tiene la esperanza de que López Obrador realizará un formidable gobierno, lo cual, dicen, beneficiará las aspiraciones del ya eterno candidato Gustavo Petro al evidenciar que los presidentes de izquierda son maravillosos y no los malos del paseo.

Pero también están felices con la llegada al poder de Iván Duque, la otra cara de la moneda. Se hallan esperanzados de que haga un mal gobierno a partir del 7 de agosto. Lo desean ardientemente. Así podrán sostener que tenían razón quienes dijeron que no era apto para gobernar.

Se colige que el petrismo y su pastor estarán pendientes de cuantas debilidades y fallas muestre la gestión de Duque para amplificarlas y desprestigiarlo, dentro y fuera del país, mediante todos los recursos a su disposición, limpios y de los otros. El grito de guerra no será distinto a hacer invivible e inviable la administración presidida por quien le ganó la mano a Petro.

Se valdrán de las veinticuatro horas de cada día para atacarlo, ridiculizarlo, obstruirlo, desenfocarlo, sacarle el aire, con razón o sin ella. Petro se golpeará el pecho, cual simio mayor, e irá al ataque desde el Senado y desde cualquier vitrina de los medios capitalistas, en algunos de los cuales actúan sus células con clara conciencia de lo que tienen que hacer a favor del mesías y en contra de Duque.

Los franceses llaman megères a las mujeres de la Revolución que esperaban las cabezas que cortaba la guillotina para exhibirlas luego en las picas durante los desfiles. A muchos no nos sorprenderá que el petrismo desee la cabeza de Duque: su oposición será tan fuerte, tan sin pausa, tan sin contemplación, que buscará debilitarlo al máximo –es su esperanza– para despejar el camino hacia el año 2022, o incluso buscar acceder antes al poder, como lo sugiriera Petro en su discurso de la derrota, en la noche del 17 de junio pasado.

Lo que suceda con López Obrador es harina de otro costal. Es un factor que Duque no puede manejar. Lo que sí puede manejar es su propia gestión y frustrarle la esperanza a Petro, como se la frustró en la segunda vuelta. Lo conseguirá si durante los próximos cuatro años hace de dique o antídoto contra el político castrochavista, y no de cauce o vitamina.

Será dique y antídoto si se la juega a fondo para lograr, jornada tras jornada, un país más próspero, más justo, más satisfecho, más seguro, más civilizado, con lo cual le corta las alas a una aventura de izquierda en Colombia, que se sabe cómo empieza, pero no cómo ni cuándo termina. Nuestro presidente se cuidará de demostrar que Polibio (historiador griego) carecía de razón cuando afirmaba que “quienes saben triunfar son mucho más numerosos que quienes saben hacer buen uso de sus victorias”.

Duque manejará los ires y decires de la oposición dándole la razón cuando la tenga, pero “sin creer en tanto microbio y en tanto pecado”, en palabras de doña Rosarito Marulanda, ilustre dama de Sonsón, según el autor y recopilador antioqueño Benigno A. Gutiérrez.

El nuevo mandatario de los colombianos hará un estupendo uso de su victoria. Tiene con qué y con quienes. Sabe que “una buena cabeza es mejor que cien manos”, al decir de Thomas Fuller (historiador inglés del siglo XVII). Millones de ciudadanos estamos confiados en la buena cabeza de Duque para tomar las mejores decisiones y adelantar las mejores acciones, para que el pueblo y el país sientan los beneficios de las mismas y le cierre las puertas a una izquierda enloquecida de rabia y envidia.

Y lo hará prestando atención a reflexiones como la que hacía el periodista Juan Zuleta Ferrer, entonces director de El Colombiano, en editorial, vigente hoy, del 16 de enero de 1964: “En Colombia se necesita una gran vocación de servicio o una notable adhesión a los jefes políticos para que los profesionales, los industriales y los hombres de empresa y de acción dejen sus cómodos bufetes para ir al encuentro del pueblo y mantener un contacto efectivo con la gran masa que vota y elige”.

INFLEXIÓN. 1) Si a López le va bien y a Duque también, se perjudica Petro. 2) Si a López le va bien y a Duque mal, se beneficia Petro. 3) Si a López le va mal y a Duque bien, se perjudica Petro. 4) Si a López le va mal y a Duque también, se beneficia Petro.

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