Ordenemos el futuro de Bogotá

27 de junio del 2019

Opinión de Juan Pablo Camacho

Ordenemos el futuro de Bogotá

Querer vivir en una ciudad ordenada es un deseo común para los capitalinos. Pese a las infinitas potencialidades que tenemos en Bogotá, aún nos encontramos limitados por las complicaciones que desde hace décadas nos siguen afectando; entre esas, el desorden y la falta de planeación a mediano y largo plazo. Es el momento entonces de empezar a construir sobre lo construido y de modificar la lógica de un desarrollo de gobierno, que con el cambio de un mandatario cada cuatro años, paraliza los avances de toda una ciudad. Lo que debe cambiarse en cada periodo electoral es la visión de los candidatos, pero no las políticas locales encaminadas a resolver problemáticas estructurales sobre las que se trabaja con antelación.  

Antes que nada, es fundamental recordar que para que Bogotá esté a la altura de las grandes metrópolis, resulta indispensable que entre todos y con la suficiente conciencia de hacerlo, articulemos nuestras acciones para ordenar la capital. También es cierto que existen diversos puntos de partida para iniciar dicha tarea, pero considero vitales los siguientes: el fortalecimiento y adecuación de la infraestructura, la reducción de la presión fiscal a las empresas, la formalización del empleo, la adopción de un sistema de transporte multimodal y la transformación del espacio público desde un enfoque de apropiación ciudadana. 

De acuerdo con lo anterior, es evidente que necesitamos recuperar, ampliar y ajustar la infraestructura de la ciudad. Bogotá necesita con urgencia conectarse más rápido con las regiones y consigo misma. Por ejemplo, es indispensable mejorar los planes concernientes al acceso y transporte de mercancía a los puertos, acabar con los trágicos taponamientos en las salidas de la ciudad, terminar las obras cobradas por valorización hace más de 10 años, hacer que el espacio público tenga un goce efectivo para los peatones y los ciclistas, y, sobre todo, interconectar las vías principales para acelerar los trayectos. 

Asimismo, y como lo he señalado en varias ocasiones, la presión fiscal sobre las empresas y los ciudadanos es excesiva en este país. En el caso de la capital, esto genera un desplazamiento de las fuentes productivas hacia las regiones y una forma de restarle competitividad a Bogotá. En este sentido, los altos gravámenes producen un aumento del desempleo en la ciudad porque no hay estímulos suficientes para la inversión, de ahí que más del 50% de los emprendimientos anuales fracasen y se desaproveche el capital humano y los flujos de migración regional que caracterizan el territorio. Así, es posible pensar en la creación de una universidad digital gratuita, cuyo objetivo principal sea elevar el capital humano, impulsar la formación de empresas y generar valor agregado al mercado nacional. Sin olvidar otras modificaciones como la simplificación de trámites y procesos para la creación de sociedades comerciales, el congelamiento de mecanismos de financiación como la valorización y el reajuste al impuesto predial. 

Otro punto de partida que definitivamente podría ordenar a Bogotá, es la ampliación del sistema público de transporte concebido a partir de lo multimodal. La ciudad requiere con urgencia que la movilidad sea integral y sostenible. Empecemos con la primera línea de Metro, y al tiempo, trabajemos en conjunto para la adopción de un tranvía, la adecuación del espacio para el tránsito seguro de medios alternativos de transporte que reduzca la emisión de partículas contaminantes. 

Retomo la idea inicial: ordenar Bogotá y pensarla a futuro, es un trabajo de todos. Por eso considero indispensable que la transformación del espacio público esté acompañada de la apropiación ciudadana. Si contamos con una ciudad limpia, con bienes públicos en buen estado, con un adecuado uso de los espacios, con más iluminación y lleno de solidaridad por el otro, de pronto mejoren nuestros indicadores de seguridad. Pues la adecuación del espacio induce al comportamiento social y eso hace que entre todos construyamos una ciudad integral. 

La inteligencia colectiva, articulada con cámaras, institucionalidad, tecnología y políticas que ayuden a combatir la delincuencia y el vandalismo, son algunas de las infinitas cosas que se pueden construir en comunidad. Comencemos con pequeñas acciones, cuidemos el espacio; no arrojar un papel a la calle puede significar mucho, evitar que una señal de tránsito esté rayada puede salvar una vida, denunciar puede disminuir la reincidencia y contribuir desde lo individual seguramente, puede llevarnos a ser una de las mejores ciudades a nivel mundial. 

No lo olviden, no preguntemos tanto qué puede hacer Bogotá por nosotros, sino que empecemos a cuestionar qué podemos hacer nosotros por Bogotá.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO