Óscar Dominguez y un lagrimón por el  Noticero Todelar

Óscar Dominguez y un lagrimón por el Noticero Todelar

15 de diciembre del 2016

A los aplastateclas que nos iniciamos en el mundo de las cuartillas en el noticiero Todelar a finales de los años sesenta, se “nos piantará un lagrimón” el 20 de diciembre cuando salga del aire, dice el excelente periodista y columnista Óscar Dominguez:

-Si desaparece una estrella distante de la tierra un millón de años luz y un minuto, el astrónomo derramará una furtiva lágrima; un ornitólogo lamentará la muerte del colibrí más romántico, o del pájaro carpintero más diestro para esculpir la madera.

La noticia la dio quien será su último director, Édgar Artunduaga. La vieja Radio Continental que originó el informativo desde siempre, fue vendida al pastor Eduardo Cañas de la iglesia Soy Manantial. En adelante, los evangelistas Mateo, Marcos, Lucas y Juan, el reportero estrella, serán las fuentes noticiosas.

El opita Artunduaga nos chivió a todos. Pero como es el mandamás, no es gracia.

Para este servidor, sí es gracia haberse iniciado como patinador de redacción cuando dirigían el noticiero el Loco Alberto Giraldo, el “maestrico” Gabriel Cuartas Franco, y el maestro Antonio Pardo García, el único que sigue en fructífera actividad.

Llegué a Todelar con una desnutrida hoja de vida. La vida no sabía qué hacer conmigo. En esa patria boba sentimental en la que me encontraba, aterricé una mañana en la sede del noticiero, en el centro de Bogotá.

“Parece que fue ayer…”. Con los pies sobre la mesa, me recibió Giraldo, de Cisneros, Antioquia. Me lo presentó mi viejo camarada, Álvaro Vasco, quien me guarda puesto en la eternidad, en el pabellón de sus colegas restauranteros.

El Loco me preguntó entre un madrazo y otro, entre una llamada telefónica y la siguiente, qué sabía hacer en periodismo. Le respondí que nada. Me electrocutó con un: “¿Entonces qué hago con  vos $%$#!!)?”.

Finalmente me aceptó. Empecé a madrugar a las cinco de la mañana. De inmediato me reporté con los patos del andén de Envigado que me habían despedido para que me le montara a la vida: “Pintas, triunfé en Bogotá. Me ganaré 800 pesos mensuales. Cojan oficio”.

Cuando entré a Todelar confundía un lead o párrafo de entrada de las noticias con el tren de la Sabana. De la mano de quienes laboraban allí fui saliendo de mi analfabetismo periodístico. Sigo aprendiendo pues en este destino siempre estamos de llegada.

¿Cómo no estar agradecido y agarrar a picos a los colegas que me dieron el pescado y me enseñaron a pescar? ¿Cómo no lamentar el silencio de la empresa que me permitió cortar cables de las agencias France Press, AP y la desaparecida UPI?

Las lecturas hechas en esos ruidosos aparatos me dejaron oído de polvorero, pero me indicaron cómo torcerle el cuello al cisne de la información.

Con el periodismo me he ganado la vida y para la vida. Por eso mi réquiem lacrimógeno por el noticiero Todelar.

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