La camiseta de Olmedo

21 de mayo del 2014

“El colombiano sabe bien que lo que está en juego el próximo domingo es su destino.”

Olmedo es artesano y también inventor. Ha construido casas, edificios y mi taller. Hace un buen tiempo nos conocemos. Desde mis inicios en la arquitectura me ha colaborado en varias obras. Ahora enmarca mis cuadros con una técnica que él ingenió y que podría ser patentada, como muchas pequeñas y grandes invenciones que salen de su cabeza.

Olmedo viene de la zona cafetera y de niño no usaba zapatos, sabía subir las guaduas y fue testigo directo de la violencia entre partidos que asoló al país.

Lo que dice Olmedo es totalmente verídico, tiene tantas historias de su propia vida que no le queda espacio para inventar otras. Hace tres años me comentó que se estaba fortaleciendo la guerrilla cuando muchos creíamos que era una página ya pasada. Es cauteloso al hablar de política y escucha sin interrumpir cuando, por lo general de manera exaltada, hablo de la terrible situación del país. Juntos compartimos la esperanza de que las cosas cambiaran para bien.

Olmedo me cuenta historias. Quisiera tener grabadas cada una de ellas. De esas historias podría surgir una película o una serie para la televisión.

Hace unos meses Olmedo llevó a la sede del Centro Democrático las firmas que recogimos para apoyar las listas al Congreso. Al salir le regalaron una camiseta que traía impresa el nombre de Óscar Iván Zuluaga. A Olmedo no le gusta que cuelguen ropa en las ventanas, ni aquí ni en Nápoles. Un día vio en el alero del primer piso de su casa la camiseta junto a blusas y pantalones que su nieto había puesto a secar.

A Olmedo se le ha hecho curioso que en estas elecciones no se vean afiches y calcomanías con fotos y el nombre de los candidatos, como se acostumbraba en el pasado. La camiseta colgada en la ventana de su casa se convirtió en el primer “afiche” que apareció en el barrio. Un vecino al verla se animó a pegar en su ventana un afiche de verdad de Óscar Iván Zuluaga. A la mañana siguiente el vecino estuvo atento y cuando Olmedo salió al trabajo le levantó la mano con el dedo pulgar hacia arriba, con un gesto de aprobación.

Como Olmedo y su vecino, son muchos los que no confiesan públicamente sus afinidades políticas. Juan Carlos, mi asistente, les preguntó a unos vecinos de cuadra que se encontraban reunidos, por quién pensaban votar y se quedaron mudos. Cuando él dijo que votaría por Zuluaga, todos se animaron y confesaron que ellos también.

El colombiano no es tonto. El colombiano no come cuento. El colombiano no va a permitir que decidan por él. El colombiano sabe bien que lo que está en juego el próximo domingo es su destino y el de sus hijos. Sabe que se le ofrece la oportunidad de decidir en qué clase de país quiere vivir, conoce y no quiere para Colombia el triste destino al que han condenado a Venezuela. El colombiano lleva décadas sufriendo del cáncer del narcotráfico y el del terrorismo, está harto de la corrupción y no quiere más política defendiendo mezquinos intereses.

Como Olmedo son muchos los que han sido discretos y acudirán a depositar su voto luego de una larga reflexión interior. El domingo decidirán que quieren para sus hijos, sus nietos, sus hermanos, sus primos, sus padres, sus abuelos, sus amigos y sus compatriotas. Serán unas elecciones que pasarán a la historia como las del despertar de un pueblo. Conscientemente decidiremos si tendremos un país entregado a sus peores enemigos o un país de oportunidades y progreso.

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