Quién???

29 de octubre del 2013

Al conocer las buenas nuevas del resultado de la Convención de Uribe Centro Democrático, le escribí por WhatsApp a mí cuñada, con ilusión al ver como entre tanta oscuridad la luz de la esperanza en lugar de apagarse va alumbrando cada vez con mayor brillo: -Tenemos un buen candidato. -Quién??? -Óscar Iván Zuluaga – Me […]

Al conocer las buenas nuevas del resultado de la Convención de Uribe Centro Democrático, le escribí por WhatsApp a mí cuñada, con ilusión al ver como entre tanta oscuridad la luz de la esperanza en lugar de apagarse va alumbrando cada vez con mayor brillo:

-Tenemos un buen candidato.

-Quién???

-Óscar Iván Zuluaga

– Me tienes que contar quien es él pero debe ser un buen personaje si tu lo dices…Perdona mi ignorancia…

Como ella son muchos colombianos que desconocen a quien fue elegido como candidato del movimiento político más importante de la historia reciente del país. ¿A qué se debe esta ignorancia? Puedo responder que en gran parte a la desinformación dada por los medios de comunicación.

En su discurso en la Convención Álvaro Uribe dijo:

“En los últimos tiempos, mientras los escritos públicos y los comentarios de televisión y radio abandonaban la independencia, silenciaban la crítica y se apertrechaban en la alabanza, los ciudadanos empezaron a estar confusos por la contradicción entre los hechos de inseguridad, que de modo creciente los afectaban, y la imagen opuesta que insistía en dar el Gobierno, empeñado en ocultar el deterioro.

“Pero, como debe ser, los hechos terminaron imponiéndose sobre la publicidad. Hoy hay dos sentimientos de opinión: uno de preocupación por el retroceso, y otro, encarnado en esta reunión, de firmeza en la lucha para recuperar el rumbo de la Patria, que iba mejor, con limitaciones y dificultades, pero con claridad en el horizonte”.

Si los medios han querido llevar al ciudadano a que no dimensione la gravedad de la situación por la que está pasando el país ocultando la escalada terrorista, cómo no va a pretender ocultar la arrolladora fuerza del uribismo. Y logran tapar por un corto tiempo el sol con la mano, desviando la atención y tergiversando los hechos como hicieron con la Convención que, habiendo sido ejemplar, quisieron minimizarla y condimentarla con enfrentamientos y fisuras que no existieron.

¿Por qué no se conoce al candidato elegido habiendo sido durante décadas un servidor público de talla mayor? ¿Porqué se conoce el terrible historial de criminales y de políticos corruptos y en cambio se ignora a quienes hacen valiosos aportes a la construcción de un mejor país? Estas preguntas llevan a cuestionar seriamente el papel de los periodistas y su compromiso con la verdad. Albert Camus se preguntaba en un editorial del 1º de septiembre de 1944:

“¿Qué es un periodista? Es un hombre que se ocupa de informar al público sobre los eventos diarios. En resumen, un historiador del día a día y su primera preocupación debe ser la verdad. Pero no importa quién es ese  historiador y cuanto sabe ya que a pesar de la distancia, las confrontaciones de documentos y la superposición de testimonios, la verdad es cosa huidiza en la historia. Ante esto él no puede aportar sino una corrección que es moral, quiero decir un afán de objetividad y de prudencia”.

A diferencia de 1944, en 2013 contamos con muchos medios diferentes a los de la gran prensa para enterarnos de la verdad de los hechos y así convertirnos en historiadores del día a día evitando en buena parte ser manipulados por tanto periodista inescrupuloso.

Para responderle a mi cuñada he querido intentar hacer un breve perfil de Óscar Iván Zuluaga. Para esta ardua empresa me permití hablar con una persona muy cercana a él quien me retrató a un colombiano ejemplar, a un hombre consagrado a su hogar, a un ser leal, a un estudioso notable, a un trabajador incansable, a un servidor público como pocos, a un alumno que intentará superar a su maestro, a un conocedor de cada rincón del país, a un hombre de empresa, a un líder sin aspavientos y muchísimas otras virtudes que en parte ya conocía, pero que hicieron crecer mi admiración hacía este colombiano al que, si actuamos con cordura, le daremos la oportunidad de reconstruir el país llevándolo muy rápidamente por una senda de progreso y de reconciliación real: construyendo la paz desde sus raíces, devolviendo la dignidad y ofreciendo oportunidades a los más necesitados.

Estando en esta tarea me he topado con estas palabras de Fernando Londoño que me ahorraron tan difícil empresa y las remití como respuesta al ‘Quién???’ de mi cuñada. En ellas describe en forma magistral quién es Óscar Iván Zuluaga:

“Tenemos en carrera hacia la presidencia a quien se va a revelar como el futuro coloso de la política colombiana. Quienes se han dedicado a mostrarlo como hombre incompetente para captar la opinión pública, se tendrán que rendir ante la evidencia. Zuluaga es un hombre de corazón cordial, de ideas claras, de temperamento tranquilo, de pulso firme y con un proyecto político apasionante. Pensar en grande, que es su lema, es romper el parroquialismo, vencer la ineficacia, llamar a las grandes tareas para corregir las injusticias, levantar los ánimos derrotistas, comprometernos en inmensa voluntad al servicio de una Patria alta, equitativa, abierta al mundo y promisoria para todos.

“Descansen en la seguridad, queridos lectores, de que tendrán la sorpresa más grande en muchos años. El hombre que fue reconocido como el mejor alcalde del país, siéndolo de su natal y pequeña villa amada de Pensilvania y como el mejor Ministro de Hacienda de toda América en la mayor crisis económica internacional de muchos años, será adversario temible para cualquier contradictor y un Presidente que apenas podrá compararse en sus ejecutorias con las de su jefe, inspirador y amigo Álvaro Uribe Vélez. Ya era hora de que en este paisaje ceniciento de nuestra vida cotidiana alumbrara el sol de una esperanza nueva”.

Y con seguridad muchísimas otras cosas positivas se irán conociendo de este hombre grande que encarna la esperanza de un pueblo que ha sido duramente golpeado por la arrogancia y prepotencia de quienes pretenden ser sus dueños. Los colombianos no vamos a ceder y haremos  lo necesario para retomar el destino luminoso al que estamos llamados.

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