Ospina, el alcalde de las paradojas

17 de marzo del 2011

Estar ¨mojando prensa¨ claramente no es una de las actividades predilectas del Alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina. De hecho asumió un poco tarde la importancia de mantener una comunicación constante con los medios y en casi tres años sólo ha ejercido una verdadera cercanía con el sector cuando necesitó socializar entre los caleños las 21 megaobras. Rápidamente volvió a enconcharse y hasta esta semana mantuvo su distancia.

A raíz de una investigación publicada en la Revista Dinero, según la cual Ospina ¨se encuentra en trance de responderle a la Procuraduría por irregularidades en 12 contratos interadministrativos y enfrenta 15 procesos entre indagaciones e investigaciones formales¨, el Alcalde salió de su discreto silencio para dar explicaciones y defender su gestión. En entrevista concedida el domingo a El País no considera que haya abusado de los convenios interadministrativos para efectuar algunas de las obras de gran envergadura que se construyen en Cali actualmente, y los justifica porque sostiene que han permitido ¨celeridad en la ejecución y se potencian los recursos del Municipio¨.

Jorge Iván Ospina llegó a la Alcaldía un momento en que en Cali­desgajada y fraccionada por la violencia, el arribo diario de desplazados, el poder corruptor de la mafia y las marcadas diferencias culturales, raciales y sociales- se estaba hablando de justicia restaurativa, de buscar puntos de encuentro, de construir acuerdos comunes. Ospina, brillante como es, tradujo esas necesidades en su plan de Gobierno: le apostó a la educación como factor de transformación de la sociedad y a la metamorfosis de la ciudad en términos de infraestructura para dar un salto al futuro y generar orgullo y compromiso de los habitantes para con Cali.

Esta apuesta es claramente acertada y Ospina podría pasar a la historia como el Alcalde que redireccionó a Cali y le dio el aire que requería. No obstante, por algo arrancan los procesos en la Procuraduría y desde hacía algún tiempo se rumoraba que había cosas que olían mal en el entorno del burgomaestre. El dice: ¨no creo que a mí me quede el titular de gobierno corrupto, esa no es la tendencia de nuestro Gobierno¨ y más adelante en la entrevista con El País se reafirma diciendo ¨no tengo absolutamente un tema (sic) que me avergüence al respecto¨.

Los caleños sí que quisiéramos creer, pero  el Alcalde mismo proporcionó los hechos para que en este momento se tenga una duda razonable acerca de su conducta y su criterio, y lo hizo desde el momento en que en plena campaña aceptó aliarse con el entonces senador Juan Carlos Martínez. Según lo dicho por el propio Alcalde, a cambio de la alianza e intervención de Martínez y acorde con los votos obtenidos, se le respetarían algunos cargos que ya tenían sus fichas en el CAM. Ospina dice que el pacto tenía sus límites porque de entrada se negó a transar Secretarías, aunque eso es lo que se estila hacer. O sea, se comprometió pero sólo a medias.

Aunque después de las elecciones fue pública la ruptura de Martínez y Ospina –éste último fue agredido por el ex senador en un pasillo del CAM- el Alcalde cometió un craso error al aceptar la alianza porque demostró su voluntad de hacerle esguinces a lo ético para el logro de un fin determinado. Triste por Cali admitirlo, e indiscutiblemente hay que esperar los resultados de la investigación de la Procuraduría, pero pareciera que estamos frente a un talento desviado en favor del todo vale y el juego de la politiquería.

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