País de indignados

8 de julio del 2012

Me pregunto qué va a pasar con Alejandra Azcárate luego del escándalo que suscitó su famosa columna en la que habla de las gorditas. ¿Será que revista Aló le va a quitar su página de opinión? ¿Será que van a prohibir la presentación de su stand-up en el Teatro Nacional? ¿Será que no la van […]

Me pregunto qué va a pasar con Alejandra Azcárate luego del escándalo que suscitó su famosa columna en la que habla de las gorditas. ¿Será que revista Aló le va a quitar su página de opinión? ¿Será que van a prohibir la presentación de su stand-up en el Teatro Nacional? ¿Será que no la van a volver a contratar ni en radio ni en televisión? Lo dudo.

Pasarán los días y volveremos a ver a la Azcárate en la TV, así como llegarán las elecciones y muchos de los congresistas que dieron el sí a la reforma a la Justicia volverán a ser elegidos.

Es curioso, pero de la mano de las redes sociales, en particular Twitter, Colombia se ha convertido en un país de olas. La primera fue la Ola Verde y ahora, cada quince días, tenemos una ola de indignación por un tema cualquiera: la Azcárate, Jota Mario, Rosa Elvira, la Plaza de Toros, la reforma a la Justicia, el cambio de Comcel a Claro, el concierto de McCartney, el senador Corzo, el senador Merlano, etc. Y no es que esté mal que los colombianos sacudan su espíritu crítico y empiecen a señalar los puntos negros de la realidad, lo decepcionante es que más allá de las voces que se alzan contra equis o ye casi nunca pasa nada.

Bien lo decía Daniel Pardo en su columna sobre la reforma a la Justicia, no fue Twitter, sino Julio Sánchez Cristo quién tumbó el acto legislativo que buscaba cambiar la constitución. El poder de Twitter para formar opinión o para crear grandes grupos que logren cambiar las cosas aún es discutible. No en vano, a la gran manifestación convocada por los tuiteros frente al Congreso de la República para rechazar la reforma apenas llegaron 20 ó 30 personas, no más.

Así las cosas, nos convertirnos en un país que protesta y critica en la comodidad del hogar o la oficina, frente al computador, pero que no sabe llevar sus indignaciones a un plano real, con manifestaciones que sean realmente visibles para el común de la sociedad y, sobre todo, para los tomadores de decisiones.

Ahí siguen Merlano y Corzo en el Congreso. En Twitter los criticaron, los vapulearon, los humillaron, pero ellos siguen campantes, como si no hubieran hecho nada malo. Prendo la televisión en las mañanas y ahí veo a Jota Mario presentando su magazín a pesar de que en las redes sociales prácticamente le declararon la muerte televisiva. Reviso las estadísticas de maltrato a la mujer en Colombia y resulta que el caso de Rosa Elvira no sirvió para nada.

¿De qué sirve indignarnos si no pasa nada? Si de verdad queremos cambios en la sociedad tenemos que hacer que toda esa rabia que nos producen las injusticias, y que bien sabemos reflejar en nuestros timelines, trascienda  más allá de la semana que dura la ola en las redes sociales. Debemos pasar de la indignación a la verdadera acción.

@colombiascopio

juanpablocalvas@gmail.com

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