¿Para dónde va Petro?

14 de noviembre del 2014

“Él habla y habla pero no ejecuta ni sus propios planes.”

En abril de 2013 el exsecretario de Gobierno Guillermo Asprilla dijo: “Somos un proyecto para transformar el país. Bogotá es el primer paso, nuestra meta es Colombia y América. Tenemos un proyecto continental de cambio”. Un mes después, Jaramillo, el exsecretario de Salud, añadió: “Yo estoy aquí para colaborarle a ser Presidente”. El asunto está claro. La misión de Petro y su equipo en la Alcaldía no es gobernar, es alcanzar la Presidencia de la República.

Desde su posesión, Petro ha venido conformando una base política que permita su salto del Palacio Liévano a la Casa de Nariño. Y entre Bachelet y Chávez, Petro optó por la estrategia del socialismo del siglo XXI: un modelo populista, estatizante, irresponsable fiscalmente y burocratizante. Como Chávez, amplía el Estado y financia su campaña presidencial a partir de los recursos de los contribuyentes. Varias perlas:

Primero. No revivió la EDIS, pero decidió distritalizar el servicio de aseo violando la libertad de empresa, generando sobrecostos y detrimento patrimonial, y dejando $80.000 millones en multas a los bogotanos.

Segundo. Impulsó la creación del Banco Muisca, que necesitaba de $250.000 millones, cuando existen instrumentos más eficaces para fortalecer sectores populares e iniciativas de emprendimiento.

Tercero. Para sustituir Corabastos, intentó crear Alimentos Bacatá, que contaría con las 19 plazas de mercado de la ciudad y $68.000 millones para mejoras, con lo que se abrirían centenares de tiendas ‘exprés’ con los comerciantes beneficiarios del Banco Muisca.

Cuarto. Implementó gran cantidad de subsidios con impuestos. Entre ellos, la reducción del valor del pasaje en TransMilenio con un costo de $200.000 millones al año y la extensión al estrato 2 de 6 metros cúbicos de agua gratuita, desincentivando el buen uso de tan preciado recurso.

Quinto. La semana pasada Metrovivienda anunció que se destinarán valiosos lotes del norte de Bogotá, de propiedad del IDU, para la construcción de 372 viviendas VIP. Con los billones que costará el proyecto se podrían construir al menos mil viviendas VIP en otras zonas y, en caso de que estos lotes se vendieran, la cantidad de viviendas se multiplicaría aún más.

Lo trágico es que la mayoría no pasan de malas ideas. El Banco Muisca y la compra de Corabastos han quedado en nada. El subsidio del pasaje tuvo que ser fuertemente restringido. Él habla y habla, pero no ejecuta ni sus propios planes. Bien sea por errores de su equipo o por su manifiesta incapacidad, ningún plan se concreta. Bogotá está paralizada.

Entidades de control se han percatado de esta irresponsabilidad fiscal y han tomado cartas en el asunto. Pero Petro, como antaño, sigue pensando que sus actos están por encima de la Ley. Ha buscado apoyo con discursos incendiarios en contra de la corrupción mientras que financia la defensa de su mandato con recursos públicos y, como lo denunció una concejal Progresista en octubre, el carrusel de la contratación está más vivo que nunca.

Hiperestatización burocrática, provocadora politiquería populista disfrazada de inclusión social e irresponsabilidad fiscal, todas de corte chavista, le están pavimentando el camino a la Presidencia a partir de los recursos de los bogotanos.

Con su paso por la Alcaldía, Petro demostró que es un pésimo administrador pero un audaz político. Hábilmente ubicó que las fracturas que tiene la ciudad entre las diferentes clases sociales constituyen una mina de oro para la movilización popular. Y, sin reparo, ha explotado dicha mina para tener un acervo de elementos políticos que le sirvan en su aspiración presidencial.

Alex Vernot -uno de sus asesores más cercanos- dijo: “La gente quiere que Petro se vuelva un gerente, pero él es un político, no va a dejar de serlo nunca”.

@jflafaurie

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