Parábola del inodoro

25 de octubre del 2010

Hace poco me localizó un periodista de “Semana”. Quería incluirme en la sección “Qué pasó con fulano de tal”. Yo decliné el ofrecimiento porque todavía estoy paranoica: estoy segura que de haberme quedado en Colombia hoy estaría en la cárcel o en el cementerio, con mas probabilidades en la primera. Hubiera sido el chivo expiatorio […]

Hace poco me localizó un periodista de “Semana”. Quería incluirme en la sección “Qué pasó con fulano de tal”. Yo decliné el ofrecimiento porque todavía estoy paranoica: estoy segura que de haberme quedado en Colombia hoy estaría en la cárcel o en el cementerio, con mas probabilidades en la primera. Hubiera sido el chivo expiatorio del escándalo del momento, dado que no tengo padrinos políticos. Es el caso actual de Sabas Pretelt o Mario Aranguren. Chivos expiatorios de la yidispolítica y las chuzadas, respectivamente. Hoy estaría yo tejiendo sacos para bebé en el Buen Pastor.

El cargo de Director de la DIAN es el más interesante del sector público. Uno se relaciona con el gobierno, con el sector privado, con la Fuerza Pública, la Justicia (si la hubiera) y con el Congreso. Mis experiencias con estas instituciones fueron edificantes, positivas, estimulantes. Pero hubo una sola excepción: el Congreso. Para describir lo que es eso basta con la parábola del baño.

Al lado del salón de plenarias de la Cámara hay dizque un baño de damas. En esa época no tenía puerta y dos de los tres cubículos tampoco. Al frente hay un espejo, de manera que cualquiera que pasara nos podía ver haciendo equilibrio para orinar. Nunca he sido capaz de orinar sentada en el aire como le tratan de enseñar a uno las mamás. Y como en todos los baños en Colombia, no había papel higiénico ni jabón, y el secador de manos no funcionaba. Aprendí a cargar un rollo de papel en la cartera.

Pero es no es lo peor. El papel higiénico está diseñado para que se deshaga en el agua. Por eso no nos limpiamos con el Diario Oficial, o con el turbante de Piedad o con el libro de Ingrid, porque no se desbaratan en el agua. Sin embargo hay un mito en Colombia: si se tira el papel a la taza, se tapa el baño. Las canecas al lado del inodoro son hediondas, con todo el papel usado, que hay que tirarlo cuidadosamente para que no quede la parte sucia hacia arriba, pero no todo el mundo tiene buena puntería. Pensaba inocentemente que eso de agarrar una enfermedad venérea en el baño era un invento, hasta que me contagié de una enfermedad horripilante que la ginecológa me dijo se adquiría en los baños públicos.

Esa cloaca es idéntica al chonto maloliente que es el Salón de Plenarias de la Cámara que queda al lado. No vale la pena repetir lo que todos ya sabemos sobre los políticos. Los conocí de cerca. Siempre me habían generado un profundo rechazo, pero lo que mas me intrigaba era ¿quiénes votaban por ellos? Uno entiende la compra de votos. Gente con el estomágo vacío que cada cuatro años tiene almuerzo gratis. Pero los políticos se roban la plata de los contratos, le piden comisión al funcionario público recomendado por ellos y jamás cumplen sus promesas. ¿Cómo es posible que los reelijan una y otra vez?

Los miembros de la Cámara son los representantes del pueblo. De ahí el nombre de Representante. Los electores no castigan a los políticos porque todos ellos son iguales, caciques y votantes. El chanchullo, la palanca, el CVY, la impuntualidad, el gusto por el aguardiente y la lechona y la música a todo taco. Sí, los Representantes a la Cámara son efectivamente, como su nombre lo dice, los representantes del pueblo. Los Congresistas tienen los baños que se merecen y quienes los eligen tienen los representantes que se merecen. Un país así no es viable.

En la misma época se desarrollaba el circo del Caguán pero seguían las tomas guerrilleras a los pueblos -200 en un año, 450 voladuras al oleoducto, mas de 300 voladuras de torres de energía, mas de 3.000 secuestrados, cientos de municipios con los alcaldes despachando desde las capitales y sin presencia del Estado, ni siquiera Policías.

Yo siempre había querido irme de Colombia. Mis padres llegaron por accidente, porque cuando salieron de Europa víctimas de la persecución a los judíos, ni Estados Unidos ni Canadá los recibían. Siempre sentí que de alguna manera el destino nos había jugado una mala pasada. No tengo arraigo. Judíos errantes.

En mi casa dejamos de ver noticieros. A mi marido le hicieron el paseo millonario. Al novio de mi hija lo acuchillaron unos ñeros delante de ella; a mi me rompieron una ventana del carro con una bujía y me robaron la cartera. ¿Qué estábamos esperando para irnos? Tuve la suerte de conseguir visa de residencia en Estados Unidos para mi familia y para mi. Vendimos todo lo que teníamos, cerramos las cuentas bancarias, liquidamos las tarjetas de crédito y nos fuimos para siempre.

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