París: Reincidencia en el horror

14 de noviembre del 2015

“Se ha insistido en el horror, perpetraron un acto de dimensiones superiores.”

No nos habíamos repuesto del horror de una masacre cuando una nueva se nos vuelca encima, en el mismo lugar y causada por la misma banda terrorista que pretende imponer sus aciagos y dementes designios al mundo Occidental.

En enero de este año 2015 esta horda irracional yihadista había asesinado a un grupo de caricaturistas del conocido semanario satírico francés Charlie Hebdo; la conmoción fue general, la solidaridad unánime, con raras y sospechosas excepciones. Ingenuamente creímos que este violento y demente acto había borrado cualquier posibilidad de repetición de algo similar. Yerro, se ha insistido en el horror y en la misma ciudad, los mismos autores perpetraron un nuevo acto de dimensiones aún superiores, sobrepasando los límites de lo tolerable, si es que al horror se le puede medir con este calificativo.

Han “progresado” los terroristas del funesto Estado Islámico, su “efectividad” macabra se multiplicó: de 11 asesinatos en enero a más de 130 víctimas y numerosos heridos graves en este último golpe; el triste inventario tiene infortunada tendencia a la alza. En este nuevo atentado el grupo terrorista logró coordinar en París 7 sitios de acción simultáneos comparado con los 2 de enero, al tiempo que introducir la utilización de kamikazes islámicos. La escalada es clara y más que preocupante.

Podría uno pasar en revista los detalles de este criminal insuceso, sin embargo, dada la rapidez y precisión con que el mundo moderno transmite masivamente las informaciones, parece más pertinente reflexionar sobre el porqué de esta barbarie y sus consecuencias inmediatas.

Ya no cabe duda, por si la hubiese, que el mundo actual se enfrenta a una encrucijada en la que el bando Occidental avanza por las vías del progreso, cimienta en gran parte su ideología en la Ilustración y la razón, en la libertad de expresión, en la democracia y en la laicidad que pregona la independencia entre Estados y religiones; por supuesto, con falencias que día a día se detectan y corrigen. Y de otra parte, en el escenario mundial, un grupo radical, de orígenes musulmanes que intenta instaurar no sólo en su territorio, sino en el mundo entero un califato islámico, en el que impere sin distingos la ley coránica, ninguna separación entre Estado y religión: una dictadura de Allah y de sus supremos representantes. Estos por encima de la ley, de la humanidad, y de la racionalidad. Un Estado en donde reine su dios y sus siniestros y bárbaros designios. Ante tal divergencia de opinión y de ideología (si es que la terrorista se puede tildar de tal) no puede haber acuerdo, la respuesta es obvia y no se hará esperar, la escalada de fuerza se intensificará; no hace falta estar en los sínodos del alto gobierno francés para intuir un aumento significativo del pie de fuerza en Siria que es en donde se sitúa parte del Estado Islámico.

París, Reincidencia en el horror

Este problema que no es nuevo, pudiese estar en vía de buena resolución de no haber sido por Rusia y su megalómano “presidente” Putin, quien no contento con apoyar al impopular dictador sirio Bashar al-Asad lo mantiene en el poder con clara ayuda militar; ha decidido atacar a la oposición de este sátrapa sirio en lugar de dirigir sus esfuerzos en contra del Estado Islámico. De esta manera, este último se ha visto reconfortado y protegido por esta posición rusa que busca ejercer y tener enorme influencia en esa región, sin importar los medios necesarios; maquiavelismo pusilánime que conduce a hecatombes como las que se están viendo y a otras nuevas de fácil presagio. Occidente cautelosamente busca aniquilar este foco evidente de terrorismo sin entrar en confrontación directa con Rusia, en cuyo caso una conflagración aún peor se vendría encima. Cuando se leen los periódicos y opiniones europeas, particularmente las francesas, sin hablar de las inmediatas últimas, se detectan desde hace meses, frases e infaustos pronósticos, afirman incluso algunas: es posible que ya hayamos comenzado la III Guerra Mundial. Qué esta frase carezca de veracidad lo desea uno de todo corazón.

Es fácil prever que en este caldo de cultivo sea el peligroso partido de extrema derecha francés, el Front National, quien saque grandes beneficios electorales; en la próxima contienda presidencial del 2017 jugará, sin duda, un rol determinante; su popularidad, y crecimiento en Francia alimentado por el rechazo a lo musulmán y a la cantidad de adeptos a esta religión/cultura en el territorio francés, harán que el electorado se incline por una política afín a la franja de población radical, tal vez mayoritaria ahora, que desea un mayor vigor y acción contra la expansión del Islam y sus ideas en Francia, y claro contra la posibilidad de nuevos atentados.

Para evitar atentados y derivas políticas extremas, Occidente tendrá que afinar sus métodos de inteligencia para detectar y prevenir estos catastróficos atentados; sin duda, esto llevará a la necesidad de “esculcar” más en las vidas de las gentes. Sí, es molesto, pone en juego la privacidad, pero salvaguarda vidas. Entre dos males el menor. También el incremento del uso de la fuerza será necesario, dado que las posibilidades de negociación son nulas, el bando yihadista ni de lejos las desea, su idea es la imposición a través de la siembra del horror.

Con todas las críticas que podemos hacerles a las religiones en general, y de las que en esta columna hemos discutido en varias ocasiones, ha de reconocerse que en el siglo presente, al menos desde el punto de vista de violencia, la cristiana ha relegado el medioevo; caso muy diferente del Islam radical que toma fundamento en esta posición, se atrinchera en el terror como método de expansión y de anhelo de sometimiento. Es imposible, a la luz de los preceptos coránicos y de las actitudes de sus muchos ciegos seguidores no hacer propia la frase, que causó escándalo hace algunos años, en donde el escritor francés Michel Houellebecq afirmó sin empacho: “El Islam es una aberración”.

Tantos horrores nos vienen a la cabeza por estos días: los treinta años de la feroz toma del Palacio de Justicia, los 30 años de la tragedia de Armero, los 70 años del bombardeo atómico del Japón. ¿Valdrá algo la vida humana? Largo debate que sobrepasa el objetivo de este escrito. En todo caso lo acaecido en París, en este viernes 13, también sobrepasa el entendimiento y la tolerancia a la torpeza humana.

Un gran apoyo y solidaridad al pueblo francés, cuna de libertades, en su lucha contra los fanatismos que la asedian: “Je suis Paris”.

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