París es Eterno

16 de noviembre del 2015

“El mundo civilizado no puede utilizar las mismas armas que los locos de Isis.”

Los terroristas están convencidos que pueden amedrentar tanto a un pueblo que logren arrodillarlo y dominarlo a su antojo. Y es posible que así sea, pero solo cuando se trata de pueblos desprotegidos, donde la democracia no funciona y las instituciones son tan frágiles que una bomba las vuelve trizas.

Eso pensaban, por ejemplo, los del M19 cuando se tomaron el Palacio de Justicia. Sin embargo la Colombia de aquel entonces sobrevivió y se reinventó poco después con la Constituyente del 91.  También lo pensaba Pablo Escobar, o los Rodriguez Orejuela, o Gacha o tanto malandro que ha pasado con su estela de violencia y odio. Así lo creían, por supuesto, las Autodefensas que llegaron a controlar casi la mitad del territorio pero tampoco lograron “refundar la patria” como eran sus pretensiones.

Si todo eso ha sucedido en un país como el nuestro, con una democracia tan imperfecta y con instituciones veletas y frágiles; si el terrorismo no ha logrado acabar con esta pobre Nación de conflicto y narcotráfico y por el contrario seguimos existiendo como República con nuestra integridad incólume, ¿qué podrán esperar los terroristas del Estado Islámico con su acciones salvajes en Paris?

Paris es eterna, hacia ella miran las mentes más independientes, más creativas, más universales porque la Ciudad Luz, ilumina, brilla como faro de vida, de autonomía, de respeto a la diferencia. Y no es que en París no existan contradicciones o ideas fundamentalistas o xenofobia. Claro que existen, así como mentes retrógradas representadas en partidos como el de LePen. Pero precisamente porque existen y no se prohíben, es que son una sociedad fuerte, en la que conviven contrarios y se respetan las diferencias políticas, étnicas y culturales.

El fin de semana pasado, después de los atroces ataques del EI que le arrebataron la vida a más de 120 personas, las gentes salieron a los parques, a los Campos Elíseos, a las Plazas, dejaron flores  en los sitios donde se produjeron las masacres, cantaron la Marsellesa, himno de Francia que recuerda los tres principios de ese país: Libertad, Fraternidad e Igualdad. Probablemente esas miles de personas tenían miedo, probablemente estaban con el ojo vigilante, pero era más fuerte su deseo de rebelarse contra el terror. Querían dejar sentado, de manera contundente, que no van a ceder ante las amenazas, que París no se va a acabar, que no los va a arrinconar.

Francia y el mundo deberán estar unidos, ahora más que nunca, para atajar esa expresión bestial de una parte del mundo musulmán, sin caer en el revanchismo igualmente brutal. Muchas vidas se han perdido, vidas inocentes, pero el mundo civilizado no puede utilizar las mismas armas que los locos de Isis o de Al Kaheda o de Boko Haram porque entonces entraríamos en una espiral de violencia donde el fin será una guerra Santa contra otra.

Ojalá, en esta ocasión no se siga el mal ejemplo de Bush, después de las Torres Gemelas, que se embarcó en una guerra contra Afganistán, y solo consiguió empobrecer aún más esos pueblos donde ahora se gesta el odio como única expresión de identidad.

Mi solidaridad total con París y con las víctimas del terrorismo religioso del 13 de noviembre.

www.margaritalondono.com

http://blogs.elespectador.com/sisifus

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