The party, El guateque o La fiesta inolvidable

13 de mayo del 2015

“Nuestro Presidente era un actor de tercera que sabia estar en el lugar indicado.”

‘The Party’ es el título de una película de 1968 dirigida por Blake Edwards y protagonizada por Peter Sellers que logra, a punta de situaciones inesperadas, hacer reventar de la risa a quienes la ven por primera vez. En España se llamó ‘El guateque’ y en Colombia ‘La fiesta inolvidable’.

La escena en la que un actor de tercera categoría, apenas un torpe extra al que han llamado a protagonizar una película, arruina todo haciendo explotar una carga de dinamita al sentarse por descuido en el detonador, es una de las que arranca más risas en el público. Pero esto es tan sólo el comienzo, luego viene el plato fuerte: una fiesta, a la que ese mismo personaje es invitado por equivocación, que se convierte en una delirante sucesión de locuras y sucesos inesperados.

Es bien sabido que la risa es causada por la sorpresa y por la alteración del orden normal de las cosas. Nos es imposible carcajear cuando no es otro, sino uno mismo, quien se hace las cosquillas. Es muy decepcionante oír un chiste que ya conocemos porque nunca más podremos reír como la primera vez que lo escuchamos.

Nuestro Presidente era un actor de tercera que sabia estar en el lugar indicado. Un extra más pero, como el que genialmente representa Peter Sellers, llamado a ser protagonista por un extraño desorden del universo en el que las cosas se ponen momentáneamente patas arriba.

Luego de hacer explotar todo lo que se había logrado construir en los últimos años, este actor que hace el papel de Presidente de la República desde hace casi cinco tristes años, arma la fiesta. Porque indiscutiblemente en Colombia están de fiesta, una fiesta trágicamente inolvidable. ¿Quiénes? El gobierno y sus paniaguados, por supuesto; los terroristas, claro que sí; la Fiscalía y las Cortes ¡por qué no!; los delincuentes de todas las especies incluidos los corruptos; y tantos otros pero no los colombianos. A nosotros nos corresponderá pagar el festín y los platos rotos: las consecuencias de los desmanes de tamaño disparate cuando sabemos muy bien que la cosa no está para fiestecitas y todo se derrumba alrededor nuestro.

Esto hace parte de un guión, que sin duda ya está escrito, lleno de las cosas más absurdas e insospechadas con el que deberíamos estar revolcándonos de la risa al verlo representado a diario. Quien lo escribió tal vez pretendía superar ‘The Party’ sin lograr sacarnos la más insignificante risa pero sí mucho llanto y crujir de dientes.

Tal vez nos consideren unos simples extras tontos y obedientes a los que no se les invita a la gran fiesta y menos a ser protagonistas ni siquiera de burdas películas, como la que se está rodando en este momento, de las que no merecemos que nos muestren ni siquiera el guión.

¿Para qué a millones de extras se les muestra el guión? A ellos tan sólo con unas rápidas indicaciones y unas órdenes van a hacer lo que les toca sin chistar. Además la atención no estará puesta en ellos, nadie va a notar sus limitaciones a no ser que aparezca uno que otro despistado que, a punta de insensateces, termine destruyendo el set como ocurre con el protagonista de The Party.

Ya hemos llegado a extremos que sobrepasan la locura. Se ha cruzado la línea que marcaba los límites de la razón para ubicarnos en un universo paralelo en el que la institucionalidad ha sido rota en pedazos. ¿Qué va quedando de nuestra frágil democracia? Tan sólo una ficción de ella, una representación de una mediocre obra teatral para incautos de aquí y de afuera que disfraza una dictadura de locos, de personajes que no habrían cabido en la mente de un escritor por el grado de ridiculez a los que llegan.

Una dictadura de una élite compuesta por miembros de cada una de las ramas del poder que se han fundido en una maleable aleación cuya forma se va alterando según las circunstancias y cuya finalidad es mantenerse, sea como sea, en el poder manteniendo a raya a la oposición.

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