Pasar la página

Pasar la página

16 de Noviembre del 2016

Se conoció el nuevo acuerdo, con cambios sustanciales, para salir del limbo en el qué quedo el país, luego de la victoria del NO en el plebiscito. Se trabajó como nunca antes, comprobando que sí se podía hacer un mejor acuerdo, como “humildemente” reconoció Humberto de la Calle. Cambios como que el acuerdo no entra completo al bloque de constitucionalidad, es una garantía de que nuestra Constitución no será violentada por las Farc, además la Corte Constitucional, revisará las tutelas contra las decisiones del tribunal, un enorme ventaja porque será nuestra Corte el organismo de cierre.

Otra modificación positiva es que no llegarán magistrados foráneos. También pusieron límites a la restricción de libertad a guerrilleros, algo de la mayor importancia es que para la conexidad política con el narcotráfico se tendrá en cuenta a las cortes, en el acuerdo anterior habían pasado de agache y recuperan su protagonismo. Otro punto importante es que las 16 curules adicionales serán para las comunidades y victimas del conflicto, un paso contundente para abrir nuestra democracia.

Como todo no puede ser maravilloso, lo de la legislación agraria es un paso atrás, a mi modo de ver, una victoria de los terratenientes, quienes seguirán evadiendo impuestos y manteniendo el control de grandes extensiones de tierra y un punto que parece un capitulo de Sábados felices, las Farc se comprometen a hacer una lista de sus bienes y a reparar a las víctimas, tocará soñar.

En resumen, el nuevo acuerdo es más amplio, más generoso, no pagarán cárcel, pero es claro que de eso se trataba, cada una de las partes debía ceder y se llegó a un buen nivel. En cuanto a la refrendación el Presidente debe asumir la responsabilidad y no pensar en más complicaciones como un nuevo plebiscito, ni tampoco cabildos abiertos, que pueden generar más polarización, que haga valer sus facultades.

Lo importante desde ya, es entender que no se puede seguir en el desgaste entre partidarios del Sí y el No, hay un nuevo acuerdo, ninguno puede levantar la bandera de la dignidad, todos querían sacar su tajada: el gobierno asegundo que era el mejor acuerdo, que venía la guerra urbana, bajó el umbral, en fin, una serie de componendas; muy parecidas a las que utilizó el uribismo con el enfoque de género y otros temas, como confesó el gerente de campaña.

Entonces hay que acudir a la sensatez y pasar la página de la historia de una guerra cruenta y fratricida que ha dejado una huella de dolor; que los políticos sigan haciendo política, pero no con la sangre de la gente. Todavía hay mucho odio contra las Farc y contra Uribe, que representa la otra parte, pero dar un paso al frente es salirse de esa espiral para poder construir un nuevo país, que si bien, tiene muchos problemas y no se solucionarán por arte de magia, es el tiempo de asumir el reto con esa generación que se está manifestando en las calles y que quiere un nuevo modelo de convivencia donde se respete el pensar diferente.

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