Pasión por el cuerpo

14 de julio del 2012

Me apasionan los cuerpos. Me apasionan las canas, que con el paso de los años hasta sexy se vuelven, no perdemos la pasión por amar. Me apasionan las manos, aquellas que son hermosas según dicen las manicuristas y que reflejan el gusto por lo que se hace, por el oficio o la profesión. Me apasiona […]

Me apasionan los cuerpos.

Me apasionan las canas, que con el paso de los años hasta sexy se vuelven, no perdemos la pasión por amar.

Me apasionan las manos, aquellas que son hermosas según dicen las manicuristas y que reflejan el gusto por lo que se hace, por el oficio o la profesión.

Me apasiona cuando un ojo entristece y se apaga, que refleja el estado de ánimo, cuando no estamos en equilibrio con la intuición y nos conduce a rescatarla.

Me apasiona la cola, que miran de reojo cuando los bluyines la resaltan y que indica la confianza en el andar.

Me apasiona el corazón, que acepta a la mayoría de la humanidad, así le falte alguito.

Me apasiona la falta de flexibilidad, que permite ver lo estricta que fue la niñez, para luego sanar.

Me apasiona la barba, que da la sensación de sabiduría.

Me apasionan los dedos encorvados de los pies, como garras dispuestos a aferrarse a la vida.

Me apasiona el busto natural, por eso mismo, por natural.

Me apasionan los senos caídos, maternales, que han dado vida.

Me apasiona cuando envejece el cuerpo todo, y muestra las huellas de alegrías y sinsabores.

Me apasiona en salud y en enfermedad, los dos polos que coexisten y le dan valor a la vida.

Me apasiona el cuerpo echado en una hamaca, por la placidez que genera bienestar.

Me apasiona ver cuerpos escalando montañas, superando límites externos e internos. Mente y cuerpo trabajando al unísono.

Me apasionan los olores corporales que hablan de entrega, de intercambio, de pasión.

Me apasionan los “gorditos”, que me hablan de los excesos, de la necesidad de acumular, aunque también me hablan de la necesidad de protección. Ayudan a ser responsable a no ser víctima.

Me apasiona la coordinación que produce bailes sublimes.

Me apasiona la incoordinación que produce superaciones increíbles.

Me apasiona la cintura estrecha y las caderas anchas, primitivo signo de buena maternidad.

Me apasiona el cuerpo paralizado, que danza de alegría con la sonrisa que aflora en los labios de la persona que lo posee.

Me apasiona el cuerpo que construye un reloj, el que viaja a la luna o el que recoge el papel tirado en la calle.

Me apasiona el interior del cuerpo, su belleza expuesta en la mesa del cirujano y su capacidad de repararse a sí mismo.

Me apasiona el cuerpo que tiembla de rabia y que minutos más tarde se relaja en la paz del hogar.

Me apasiona el brillo etéreo que irradia al hacer el amor.

Me apasiona cuando el alma lo abandona y queda a merced del tiempo. Cumplió su cometido.

Pero más me apasiona la persona que acepta su cuerpo sin reservas. Que lo utiliza al máximo de sus capacidades, sean las que sean sin compararse. Que no emite juicios de valor sino admira y agradece a la vida por lo que es, simple y llanamente.

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