Pescador, lucero y río

Pescador, lucero y río

4 de abril del 2017

Ante la tragedia de Mocoa, se me vino a la cabeza una hermosa canción de Silva y Villalba que en forma de metáfora relata lo que pasó con la avalancha del amanecer del sábado en el Putumayo:

Cuentan que hubo un pescador barquero 
que pescaba de noche, en el río 
que una vez con su red, pescó un lucero 
y feliz lo llevó, y feliz lo llevó a su bohío. 

Que desde entonces se iluminó el bohío 
porque tenía con él a su lucero 
que no quiso volver más por el río 
desde esa noche el pescador barquero
 
y dicen que de pronto se oscureció el bohío 
y sin vida encontraron al barquero 
porque de celos se desbordo aquel río 
entro al bohío y se robó al lucero 

Esta canción melancólica dice la verdad, un río no se deja robar, ni un lucero, ni un metro de tierra, ni los árboles de su cuenca. Un río espera para coger descuidado al barquero enamorado, que ni cuenta se ha dado de que ha hecho algo indebido. Así es nuestra naturaleza montañosa de caudales repentinos, avenidas de barro y piedra, que arrasan todo lo que encuentran a su paso.

Nuestros ríos se meten en los bohíos y se llevan vidas, dejando dolor y desolación. Así fue en Armero, así fue la avalancha del Paez, así fue la de Mocoa. Y cuando no son avalanchas, son derrumbes o inundaciones. Tragedias anunciadas, pero nunca prevenidas, porque actuamos como el barquero enamorado, nos parece lindo jugar con los ríos, sin prever las consecuencias.

No se trata de echarle la culpa al gobierno de turno, se trata de que pongamos un poquito de sensatez en el ordenamiento territorial, en el cuidado del medio ambiente y sobre todo en la planificación de los centros urbanos, sin convertir la expedición de licencias o la invasión de terrenos, en negocios que terminan pagando con su vida los ingenuos habitantes.

Debemos aprender de las catástrofes, si queremos que no se repitan. Hacer un mea culpa los constructores y urbanizadores, educar a la gente para que no coma cuento cuando le ofrecen terrenos en zonas de riesgo, vigilar de manera seria las cuencas y no permitir asentamientos informales como los que llegaron a ocupar por desespero muchos desplazados del Putumayo.

Todo esto suena fácil, pero es una tarea gigantesca porque es ir contra la corriente, como si uno quisiera enfrentarse a esas avalanchas asesinas. Es ir contracorriente de la locura urbanizadora a cualquier precio. Esas son las políticas que se olvidan en el día a día y se cambian por la ilusión baladí de tener un “lucero en el bohío”.

Me duele lo de Mocoa, sus muertes, su destrucción, como le está doliendo a todo el país que se ha volcado a ayudar. Ojalá se mantenga el esfuerzo del gobierno por atender esta catástrofe y se resuelvan lo más pronto posible las urgencias de salud, agua, alimentación, comunicaciones, así como la atención psicológica a una población que se oscureció como el bohío del pescador.
#TodosConMocoa en las redes sociales, en las ayudas y sobre todo #NiUnMocoaMas hacia el futuro. Que se empiece a hacer lo que se debe: la prevención de catástrofes y la planificación sensata de nuestros municipios.

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