Petro en clave

2 de junio del 2018

Opinión de Ignacio Arizmendi Posada.

Periodismo

El 17 de junio, Colombia tendrá un nuevo presidente. Por el cargo pugnan Iván Duque, de centro, de quien escribí en la anterior columna, y Gustavo Petro, de extrema izquierda, de quien hablo en la presente a través de dos claves: de “rey Sol” y de “Aureliano”. Al grano:

En clave de “rey Sol”

Sin ser el único “rey Sol” en la historia europea, Luis XIV es el más conocido como tal. Creó la monarquía absoluta en Francia, asumió todos los poderes y suscitó el culto a su persona al creer y hacer creer, durante siete décadas, que su rol tenía origen divino, por lo cual todo y todos tenían que girar en torno suyo: era el Sol. Un sol soberbio y déspota.

Si bien Petro aún no es ni rey ni Sol, hay personas conocidas suyas que dan a entender que va por esas vías. Por ejemplo, en el perfil suyo que el diario El Tiempo publicó el pasado 27 de mayo, su autor, el periodista Eduard Soto, trae el testimonio de Daniel García-Peña –que fuera compañero de Petro y director de relaciones internacionales de su alcaldía–, para quien el hoy candidato es “un déspota de izquierda”. Testimonio que el mismo Petro, en términos empaquetados con fines electorales, confirma así: “Acepto que soy soberbio con los poderosos y trato de ser humilde con los pobres”. Se lo dijo a Jorge Rojas, uno de sus asesores más cercanos. Se lee en el citado perfil. ¿No suena todo ello a rey Sol?

Soto también reproduce lo dicho por un reportero que ha cubierto las actividades de Petro desde sus años de congresista: “El de Petro es un liderazgo difícil. Cuando él no es la cabeza, le cuesta tirar del carro. Pero si es el jefe, se convierte en una licuadora de funcionarios porque cree saber más que los expertos”. ¿No huele todo ello a rey Sol?

El Tiempo igualmente reproduce lo sostenido por Aurelio Suárez, analista de Blu Radio, que, en orillas opuestas, coincidió en el Polo Democrático con Petro: “Así como en la alcaldía prometió mil cosas que no cumplió, hoy hace lo mismo en la campaña presidencial”. Pura estirpe de rey Sol (acéptelo, doctor Petro, aquí entre nos): nadie puede saber más que yo y sólo yo puedo prometer mil cosas y no hacerlas…

Además, tutea a todo el mundo: soy superior. Y da larguísimos discursos (como su mentor, el comandante Castro Rus): me encantan y encantan. Y responde con dilatados ensayos cualquier pregunta de cualquier periodista: es mi divino derecho. Y proyecta sabérselas todas: “any question?”. Y subvalora a quien no se halle en su espectro “odiológico” e ideológico: tengo razón. ¿No pinta todo ello a rey Sol?

En clave de “Aureliano”

La otra clave es “Aureliano” (con sus cinco vocales), el nombre de guerra que Gustavo Petro (el “Flaco”) usó como militante de la guerrilla M-19. En la noche del 22 de octubre de 1985 lo perseguían las tropas militares en Zipaquirá, pero logra escabullirse “vestido de mujer, aprovechando la bruma de la madrugada”, narra Soto. A pesar de la bruma, la clave surge clara: para supervivir, Petro se vale del engaño, del disimulo, de la confusión, del mostrarse de otra forma según las circunstancias, sin renunciar a “lo fundamental”. Muy explicable en clave de Aureliano.

Lo significativo es que le quedó gustando el cambio de apariencia, el disfraz, como un recurso para protegerse de lo que dice, una peculiar manera de distorsionar su autenticidad. Respecto de la cual, José Cuesta, exguerrillero, aporta una visión singular: “Petro es un hombre ‘anfibio’ porque es culturalmente Caribe, pero también cachaco”. Lo trae Soto. La clave la entendemos mejor con unos ejemplos, pocos por razones de espacio.

En un video, que sin fecha circula en las redes, tomado del programa “Contrarreloj”, de Héctor Riveros, Petro proclama: “El proyecto bolivariano [de Chávez] es el primer proyecto democrático en América Latina”. Sabedor del daño que decirlo puede causar a su aspiración electoral, echa mano del disfraz: el 14 de abril de este 2018, la revista Semana le inquiere por su “presunta cercanía ideológica con Maduro y Chávez”. “Eso no tiene sentido”, contesta.

El 21 de julio de 2017, el diario El Colombiano le pregunta “¿cuál sería su principal tarea como el primer presidente del posconflicto?”. No duda: “[…] que los ciudadanos tomen las decisiones fundamentales porque son el poder constituyente […]”. Pero hoy se pone otra ropa: “No tendremos constituyente en mi gobierno” le dijo a La W el 29 de mayo. En la misma entrevista, El Colombiano lo indaga acerca de si “existe o no democracia en Venezuela”. Responde: “Tenemos que guardar el debido respeto porque no vivimos allá ni somos venezolanos […]”. Pero hace pocas horas, el 28 de mayo, contesta a la periodista Patricia Janiot, de CNN, “que el régimen de Nicolás Maduro es una dictadura”.

Sigue con ropa prestada: el 29 de mayo le dijo a La W que “mi propuesta no es socialista; es al contrario, es el desarrollo del capitalismo”. Y a RCN Radio le asegura, el 1 de junio, que si gobierna “no hará comunismo porque nunca he sido comunista”. Lo mismo dijo muchas veces Fidel Castro en sus años de guerrilla: “¡No somos comunistas!”. Está en las redes en un video auténtico. Y se sabe lo que pasó.

¿Extrañan estas cosas? No. Gustavo Petro se disfraza, se adapta, cambia. Obra en clave de Aureliano. Y de rey Sol: hago esas cosas, digo esas cosas porque me da la gana. Punto. Es “anfibio”: la revista Semana (14 feb. 2018) informa que, en 2009, “Carlos Gaviria aseguró que Petro era un político capaz de traicionar sus principios a cambio de un resultado electoral”. Duras palabras. Y duras, las de The Economist, citadas por el economista Alberto Velásquez M. en El Colombiano del 30 de mayo: “Ni el temperamento ni las ideas [de Petro] lo hacen apto para ser presidente”. Petro en clave, el enclave de Petro.

INFLEXIÓN. “La araña picó a Gustavo porque la cogió del rabo”…

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