Plaga en ascenso

10 de junio del 2013

Los excesos de las extremas izquierda y derecha parecerán un juego de niños ante los alcances de las BACRIM. Columna de Abelardo De La Espriella.

La historia de Colombia suele repetirse una y otra vez, sin que aprendamos de nuestros errores. Seguimos viéndonos al ombligo y no más allá de lo evidente. Los fenómenos de violencia consumen la cotidianidad desde que tenemos memoria, y por ello irremediablemente nos hemos acostumbrado a la tragedia. Una mezcla de indolencia y anestesia amalgaman la inconsciencia colectiva.

Los gobernantes y el pueblo colombiano en general, contra toda lógica, somos proclives a tropezar con la misma piedra. De nada han servido las experiencias de tantos años, en lo que se refiere a las innumerables formas de violencia que por más de seis décadas han azotado esta patria adolorida. A ciencia y paciencia, el Estado y la sociedad advierten el surgimiento de nuevas y más degradadas expresiones de la delincuencia y nadie hace nada realmente contundente por contrarrestarlas. Es una labor que, sin ninguna duda, debe ir aparejada de una clara determinación política y un decidido compromiso ciudadano.

La guerrilla era, en su génesis, un fenómeno rural y social que no implicaba ningún peligro para la estabilidad y la seguridad de la Nación. A lo largo de los años, esa lánguida subversión fue tomando fuerza y ganando adeptos, hasta transformarse en un poderoso ejército insurgente que llegó incluso a poner en riesgo a las instituciones legalmente constituidas, el Estado de Derecho y la misma democracia.

Como respuesta a la delirante violencia subversiva, aparecieron las autodefensas y en poco tiempo, a sangre y fuego, desplazaron a la guerrilla para ocupar sus territorios y remplazar en esas zonas al Estado, adquiriendo un poder político y militar sin precedentes. Mientras esto ocurría, los gobiernos respectivos, se hacían los de la “vista gorda”, incluso frente a la descarada colaboración de miembros de la Fuerza Pública y el estamento gubernamental con estos grupos violentos.

El horror que produjo el accionar de la guerrilla y de las autodefensas se pudo haber evitado, si las autoridades, rodeadas por la sociedad (que fue tan permisiva como cómplice), hubiesen tenido el valor civil y moral de hacerlo. Esos monstruos de mil cabezas crecieron, se reprodujeron y echaron raíces por las omisiones y acciones de un Estado al que nunca le ha importado el futuro de sus administrados.

Así muchos no lo admitan, tanto la guerrilla como las autodefensas, a pesar de los abominables métodos que han empleado en sus respectivas causas, tenían y siguen teniendo un componente político e ideológico, y esa es la razón por la cual, tanto los uno como los otros, han sido y serán cobijados por disposiciones legales especiales. Ese hecho político-judicial es el reconocimiento tácito que hace el Estado de su innegable responsabilidad en la debacle que padecemos.

No ocurre lo mismo con las BACRIM, pues se trata de organizaciones pura y exclusivamente delincuenciales, que, además y a diferencia de la guerrilla y de las autodefensas, son un fenómeno mayormente urbano, lo que las hace más letales en su capacidad de destrucción e intimidación. Si la guerra en los campos de Colombia ha sido espantosa, en las ciudades puede llegar a ser apocalíptica.

Volvemos a caer en el error, pero este puede convertirse en el más fatal y terrible de todos. Los excesos de la extrema izquierda y de la extrema derecha parecerán un juego de niños ante los alcances nefastos de las BACRIM.

Hay que combatir a esa plaga de las BACRIM con toda la determinación y el poderío del Estado y la colaboración de la gente de bien. Basta de tantos excesos y desmanes por parte de esos bandidos. Es ahora o nunca, si no queremos estar condenados a otros sesenta años de violencia.

La ñapa I: El tal “Indio” capturado en Brasil, al lado de una bella damisela, debería apodarse más bien “El burro”.

La ñapa II: Maduro le hace una escena de celos a Santos por el cuento de la OTAN, mientras su canciller Jagua le “lambonea” al Secretario de Estado Gringo. ¡Payaso!

abdelaespriella@lawyersenterprise.com

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO