Errores que cuestan

Errores que cuestan

4 de octubre del 2016

Después de  votar en Cali, fui la primera en mi mesa, nos fuimos con mi hija a recorrer el Norte del Cauca para ver como trascurría la votación del plebiscito. Empezamos en Santander de Quilichao, pasamos por Caloto, El Palo, Corinto y terminamos en Tacueyó. El ambiente estuvo en absoluta calma, aunque sin mayores muestras de entusiasmo. Aún así se sentía que el sí era el ganador. Claro, hasta que llegó la hora de los escrutinios y ganó el no.

Es cierto que por estas tierras ganó el sí y no por pocos votos. Tal vez esa era una de las razones de mi optimismo hasta el último minuto. Todo este tiempo estuve en medio de un ambiente de aprobación de la paz, pero el país es mucho más que Valle y Cauca; en nuestra Colombia también existen regiones como Antioquia y los Santanderes, que dijeron no de manera contundente.

Plebiscito y sus errores

Perder por 56 mil votos es perder, así como ganar por esta cantidad, también es ganar. En eso se basa la democracia de las mayorías, por lo tanto es lo que debemos aceptar y ver ahora cómo seguir adelante en la búsqueda de la paz.

Sin embargo como periodista es interesante intentar unas explicaciones para esta derrota, así ya la leche esté derramada. Este análisis será un ejercicio para aprender en otras situaciones, pero no resolverá lo que paso el domingo.

La primera explicación que encuentro es que el gobierno, confiado en las encuestas que daban ganador al si, se excedió en triunfalismos y descuidó algunos detalles. Por ejemplo, traer a sólo seis días del plebiscito a Maduro y a Raúl Castro y exhibirlos en la tarima como los máximos artífices del acuerdo de paz, lo único que consiguió fue reforzar el miedo al Castro-Chavismo. Allí juntos, frente a los televisores de toda Colombia estaban los artífices de  la tragedia venezolana, la prueba reina que mucha gente necesitaba para tragarse la fábula de que venían por nosotros.

También hizo daño en la última semana el rifirrafe con el fiscal, cuando el señor Santrich respondió soberbio que Néstor Humberto Martínez no tiene autoridad moral para pedir cuentas sobre la plata. Estas declaraciones reforzaron la idea de que la justicia colombiana no tendría cómo actuar contra las Farc. Apenas el viernes antes de la votación la dirigencia de la guerrilla corrigió este error y anunció que daría un listado de sus bienes. Pero esto llegó tarde. Ya el daño estaba hecho.

Otro error que parece ahora fácil de notar, porque es sencillo ver las equivocaciones a posteriori, fue la directiva presidencial en la que autorizaba a todos los funcionarios públicos a hacer campaña. Así la campaña quedó convertida en una cruzada gobiernista y no en un acto de voluntad popular.

Se dieron errores por montones, casi todos dictados por la sobradez generada por los aplausos que dimos los partidarios del Si a los tres actos protocolarios de la firma de los acuerdos. Creíamos que bastaba nuestra alegría o los discursos en pro de la paz y que la solicitud de perdón de Timochenko sería suficiente para conmover a los enemigos de la negociación.

Como será el cúmulo de equivocaciones que hasta el papa Francisco envió un mensaje equivoco desde Sarajevo al asegurar que su fecha de visita a Colombia dependía de conocer el resultado de la votación. Mejor dicho, quedamos como dijeron en un programa  humor, como el tamal del No, “sin papa”.

Habrá que respaldar al presidente y rogar para que a los negociadores se les ilumine la inteligencia y en un norme ejercicio creatividad y humildad le hagan reingeniería a ese largo y tortuoso proceso. Ah y que no volvamos a ensillar sin tener listas las bestias. A pesar de todo esto, sigo creyendo en la paz y me parece que los acuerdos siguen siendo válidos.

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