Política con base en evidencia científica

10 de julio del 2019

Opinión de María Piedad Villaveces

Política con base en evidencia científica

El pasado 9 de julio el presidente de México Andrés Manuel López Obrador, aceptó la renuncia del secretario (ministro) de Hacienda de México, Carlos Urzúa provocando una crisis en el gobierno de ese país. La carta que dejó el ex Ministro Urzúa argumenta que su partida se debe a tensiones por desacuerdos entre construir una política económica con base en evidencia o por pura intuición. 

En efecto, el ex Ministro Urzúa en su renuncia menciona lo siguiente: “Estoy convencido de que toda política económica debe realizarse con base en evidencia, cuando los diversos efectos que ésta pueda tener y libre de todo extremismo, sea éste de derecha o de izquierda. Sin embargo, durante mi gestión las convicciones anteriores no encontraron eco” (subrayado es mío). 

Desconozco los motivos específicos de la política mexicana que ocasionaron la salida del Ministro de Hacienda Urzúa. Sin embargo, su carta de renuncia llame la atención sobre la necesidad de pensar en los puntos de intersección entre dos mundos: el de la política y el de la ciencia que produce evidencia.  

Para ello, será necesario precisar que la evidencia científica es dinámica y ambigua, pues va cambiando con el tiempo y con el trabajo de investigación que se va generando. Ejemplo del dinamismo y de la ambigüedad del conocimiento científico, es el efecto cancerígeno del Glifosato, que fue afirmado por Organización Mundial de la Salud (OMS) y luego matizado por la Autoridad Europea para la Seguridad de los Alimentos (EFSA) (declaró que es “poco probable que el glifosato –al menos en su forma pura- aumente el riesgo de cáncer”).

Con el ánimo de precisar conceptos, estoy de acuerdo en que un Ministro de Hacienda mencione la necesidad de estructurar cualquier política pública en evidencia científica. Sin embargo, es necesario precisar que la ciencia no se puede convertir en un nuevo dogma pues estaría desconociendo el dinamismo y la ambigüedad de toda construcción de conocimiento. La evidencia que proporciona la ciencia está basada en un proceso estructurado por un método auditado y verificado por una comunidad internacional que está aprobando o reprobando las cada avance científico que se produce. Está lejos de ser una verdad o una evidencia que no permita ser refutada.  Sin embargo, ha ayudado al progreso de la humanidad. En el siglo XXI la construcción de política pública basada en evidencia está pasado de ser una voluntad de los gobiernos a convertirse en una práctica obligada, pues el riesgo de no usarla los obliga a responder por no haberla usado. Este paso no ha sido ni será fácil para los representantes de los gobiernos pues por años la política se basó en ideología más no en evidencia científica. Cartas de renuncias como la que presentó Carlos Urzúa en México dan cuenta de la evolución de la sociedad en ese sentido. 

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