Política económica y economía política

6 de noviembre del 2018

Por Miguel Gómez Martínez
migomahu@hotmail.com

Política económica y economía política

Pocas veces es tan clara la diferencia entre política económica y economía política. La ley de financiamiento presentada por el gobierno Duque es un ejemplo de lo complementarias que son la economía y la política.

La situación fiscal apremiante, luego de ocho largos años de derroche en el gasto y la teoría económica, recomiendan la extensión del Impuesto al Valor Agregado a los bienes de la canasta familiar. En términos de equidad, es justo que los de mayores ingresos paguen un impuesto que hoy en día no asumen. Además, el modelo escogido por el gobierno de anticipar la devolución a las personas de menores ingresos para evitarles el costo de asumir el pago del incremento, permite además proteger los recursos de los más pobres. Todo en el plano conceptual resulta lógico y aconsejable.

Pero en el campo práctico, en el de la economía política, la propuesta parece injusta y desmedida. Así exista devolución para los más desfavorecidos, poner a pagar más a los consumidores por la leche, la carne o los huevos es una venta política muy difícil. No lo quieren los gremios preocupados por el impacto sobre el gasto de los hogares. No lo respaldan los empresarios inquietos por las ventas. No lo aceptan los parlamentarios preocupados por su reelección y no lo quieren los periodistas pues no entienden de economía.

Tampoco ayuda que el gobierno no fue hábil en explicar la grave crisis fiscal que recibía de Santos. No quiso poner a los ciudadanos delante de la realidad de unas cuentas públicas desfinanciadas y con grandes faltantes de ingreso. Había que dar un timonazo que mostrara, desde el 7 de agosto, un cambio radical en el manejo del presupuesto. La obsesión por no hacer balances le pasa la cuenta de cobro a una administración que creyó que no comprar peleas era la mejor opción política. Ahora tiene que llegar con un proyecto impopular y sin unas mayorías parlamentarias sólidas que estén dispuestas a asumir el costo político de los errores cometidos en los ocho años anteriores.

Porque es importante que el gobierno entienda que las leyes que aplican en la teoría fiscal no son las mismas que rigen en la economía política. Una cosa es lo que se debería hacer y otra es lo que se puede hacer. En política, como en economía, las cuentas tienen que pagarse y el gobierno Duque está pagando los platos rotos que le dejó el gobierno de la mermelada. Por no desnudar la pésima gestión de Santos y Cárdenas, Duque y Carrasquilla tendrán que asumir solos el costo del ajuste.

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