Políticamente incorrecto

30 de septiembre del 2019

Por: Carlos Salas.

Ser o no ser uribista Opinión de Carlos Salas

Al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, se le tiene como mala persona y hay quienes llegan a compararlo con el mismo diablo. Esas apreciaciones no hay manera de contradecirlas porque resultaría políticamente incorrecto salir a la defensa de alguien al que se le considera misógino, racista y cuanta cosa despreciable con la que se pueda señalar a un hombre de la peor condición.

No podemos negar que los asuntos íntimos de Trump han pesado mucho en su imagen. Si son ciertos o no los señalamientos de mala conducta que circulan por los medios es cosa sin importancia para quienes ya se han hecho una imagen negativa de este singular personaje. De eso no me voy a ocupar aquí pero si es de mi total interés resaltar algunos aspectos, muy públicos, que podrían cambiar la percepción que se tiene de Donald Trump muy notorios en su discurso ante las Naciones Unidas.

Comienzo haciendo mención de su singular estilo al dirigirse a los mandatarios del mundo entero, con el mismo tono utilizado cuando da una declaración publica ante los medios. Sin alardes oratorios, habla con naturalidad y lo que dice no se aleja de la verdad convenciendo a su auditorio. Confieso que me es francamente agradable escucharlo y que el discurso ante la ONU superó mis expectativas. En ninguna de sus palabras pronunciadas en cerca de 40 minutos encontré contradicción alguna como tampoco engaños ni demagogia.

Sin hacer alardes de fuerza con sus palabras ni con el tono, no dejó duda de su posición como líder mundial. Fue evidente que el respeto hacía sus colegas en el recinto primó por encima de la superioridad que le confiere ser el presidente de la mayor potencia económica y militar del mundo.

Donald Trump se caracteriza por no importarle para nada los preceptos de lo que se considera políticamente correcto. Esto contrasta con las actitudes y formas de expresión de Iván Duque. Me permito esta comparación porque puede ser la clave para entender la manera tan condescendiente con la que nuestro presidente enfrenta a quienes son la causa de los graves problemas del país, lo que ha sido motivo de decepción para muchos.

Mientras Trump es políticamente incorrecto, Duque es políticamente correcto. Hace parte de una generación que, desde la academia, se formó bajo ese precepto construido por la izquierda con el que se determinó lo que se puede decir y lo que no en cuestiones como el racismo, la homosexualidad y la política.

Es por eso que palabras como socialismo y comunismo no son mencionadas en el discurso de Duque ni siquiera cuando se refiere a la tiranía que oprime al pueblo venezolano. En cambio si lo son en el de Trump y no de cualquier manera. Pone el dedo en la llaga al decir que “uno de los desafíos más serios que enfrentan nuestros países es el espectro del socialismo, que es el destructor de naciones y de sociedades”.

Para el caso de nuestro país hermano deja en claro que “los acontecimientos en Venezuela nos recuerdan a todos que el socialismo y el comunismo no tienen que ver con la justicia, ni con la igualdad. No se trata de levantar a los pobres. Y ciertamente no son para el bien de la nación. El socialismo y el comunismo solo quieren una cosa: Poder para la clase dominante.”

Y con respecto a su país dice con claridad que “Estados Unidos nunca será un país socialista”.

Se permite recordarnos que “en el siglo pasado, el socialismo y el comunismo mataron a 100 millones de personas” y que en Venezuela el número de muertos aumenta día a día cuando “estas ideologías totalitarias, combinadas con la tecnología moderna, tienen el poder de inventar nuevas e inquietantes formas de supresión y dominación.”

El presidente de los Estados Unidos sacó a la luz ante la ONU la raíz del problema mientras que el de Colombia mostró tan solo sus ramas. Estamos bajo la amenaza de un comunismo que cada día avanza más y más y no se puede ocultar con discursos por bienintencionados que sean.

Decepciona que el presidente Duque no hiciera mención al acuerdo de entrega del país a las FARC que nos tiene al borde del abismo y a Colombia convertida, de lejos, en el mayor productor de cocaína del mundo; como también es causa de decepción que minimizara el rearme de esa guerrilla narcoterrorista apoyada por Cuba y Venezuela diciendo que ante la comunidad internacional presentó “la lista de una cuadrilla de menos de 20 criminales que traicionaron la generosidad de los colombianos, y hoy residen a sus anchas en varias ciudades de Venezuela”, cuando es de todos sabido que las FARC está compuesta no por “menos de veinte” sino por miles y que lo de traicionar “la generosidad” de los colombianos es un puro galimatías. Las FARC están más vivas que nunca porque el cadáver del comunismo sigue vivo, como nos prevenía la nobel de literatura Svetlana Alexiévich.

Ya en 1958 Richard Nixon, otro considerado políticamente incorrecto, había prevenido a los venezolanos del peligro del comunismo. Luego de ser atacado por manifestantes en Caracas, esto le dijo al ministro de relaciones exteriores de Venezuela:

“Si su nuevo gobierno no tiene los pantalones ni el buen sentido para dominar una poblada como aquella muy pronto terminará la libertad para todos en Venezuela. ¿No se da cuenta de que la turba está dirigida por los comunistas?”, palabras que sesenta años después parecieran dichas a la Colombia de hoy y que tenemos que escuchar y atender así nos consideren políticamente incorrectos.

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