Populistas que ponen en peligro la libertad de prensa

Foto: Shuterstock

Populistas que ponen en peligro la libertad de prensa

7 de abril del 2017

Discutir sobre la libertad de prensa se ha vuelto recurrente por varios hechos de las últimas horas: el Presidente Santos le pide a los empresarios, que a su vez son anunciantes, que presionen a los medios para que hablen bien y abandonen el pesimismo.

Coincide ese mensaje preocupante (que viene de un hombre que se ufana de sus antecedentes periodísticos y su familia fundadora de El Tiempo) con la represión en Venezuela y otros países. Y en las últimas semanas con el desprecio claro del presidente Trump por la prensa.

“La libertad de prensa está en peligro y con ella está en peligro toda la arquitectura de libertades y derechos que conforman una democracia”, acaba de decir  Antonio Caño, director de EL PAÍS, hablando sobre los riesgos de la llamada posverdad.

Se ha referido a la decisiva función de vigilancia de los periódicos y los ataques que sufren los medios por parte de políticos populistas que intentan erosionar su credibilidad para evitar su fiscalización.

“La mentira es mentira, aunque se llame posverdad. Y la posverdad es el prefascismo”, ha dicho el periodista durante una conferencia dictada en la Universidad Autónoma de Madrid.

Según versión periodística de El País, los países más influyentes del mundo, ha dicho Caño, asisten al surgimiento y la consolidación de opciones políticas que privilegian las emociones sobre los hechos y que intentan influir en los votantes a golpe de tuit. Esa estrategia aleja a los ciudadanos de los medios tradicionales y les acerca a los de propaganda política, abriendo la puerta al prefascismo a través de la posverdad.

“En España algunos también tratan de que las emociones dominen sobre los hechos”, ha dicho el director de EL PAÍS durante la jornada La verdad y la libertad de información. Con constantes apelaciones al estado de ánimo de lo que llaman ‘la gente’ se pretende que lo que se cree sea más importante que lo que se conoce”.  “Este desprecio al conocimiento va unido al desprecio a la verdad y a enaltecer el espectáculo en el que con frecuencia participan muchos periodistas”.

“El sometimiento constante de los ciudadanos a noticias falsas e informaciones corrompidas está dificultando nuestra convivencia y destruyendo la democracia”.

“Los periódicos tradicionales estamos lejos de ser perfectos, pero basta medir la virulencia que los demagogos utilizan contra nosotros para entender hasta qué punto somos un baluarte contra el totalitarismo. Precisamente porque la amenaza de ese totalitarismo es hoy mayor, la libertad de prensa es más necesaria que nunca”.

“Conocimos una época en la que la falta de libertad se identificaba con el miedo a hablar”, ha recordado Caño. “Hoy el exceso de palabras, la verborrea desatada, es lo que en buena medida se utilizan para negarle al ciudadano el acceso a la verdad”, ha argumentado,.

“Hemos asistido al ascenso de figuras políticas, organizaciones o ideas que cuestionan el papel de la prensa, a la que con frecuencia descalifican como cómplice de las instituciones o defensora de intereses espurios con el objetivo de anular su capacidad de crítica”, ha recalcado. ¿El método? “Pongo en duda la honestidad de un periódico y a partir de ahí, cualquier cosa que ese periódico diga de mí carecerá de credibilidad entre mis seguidores. Podré crear mi propia verdad. Puedo crear mi propio universo ideológico a base de tuits”.

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