¿Por qué no cuajó en Colombia?

2 de diciembre del 2019

Por: Carlos Salas.

Ser o no ser uribista Opinión de Carlos Salas

¿Por qué no prosperó, no tuvo efecto, no cuadró la intentona de quebrar la institucionalidad en Colombia que, bajo la amenaza de un huracán bolivariano, se puso en marcha el 21 de noviembre con un paro nacional? Esta pregunta que nos hacemos hoy, nos remite a otras del pasado.

¿Qué nos hace tan privilegiados para que sigamos gozando de libertad en un régimen democrático cuando el diagnóstico viene siendo crítico desde hace décadas? ¿Qué nos ha permitido sobrevivir a los ataques continuos de una guerrilla terrorista soportada por el comunismo internacional y a un narcotráfico que pondría en jaque mate a cualquier otra nación? ¿Por qué la politiquería y la corrupción extrema no han arruinado del todo el país carcomiendo del todo su tronco y sus raíces democráticas?

Para responder a estas preguntas podríamos conformarnos diciendo que ha sido cuestión de contar con la suerte de un destino favorable… ¿o sino cómo entender que el huracán volviera a convertirse en apenas una “brisa bolivariana” cuando se posó sobre Colombia sin causar los estragos sufridos por los países vecinos, lo que nos mantuvo en alerta máxima desde que nos lo anunciaran desde Caracas? Definitivamente no cuajó el paro a pesar de que sus lideres se dieron por vencedores y pretendieron arrodillar al presidente Duque para obligarlo a ceder ante sus estrafalarias exigencias soportadas en ataques violentos realizados por sus encapuchados a quienes el pueblo repudió.

Esta movida en Colombia, planeada desde el encuentro en Venezuela del Foro de Sao Paulo, tenía como soporte a una izquierda fortalecida luego de ocho años de múltiples concesiones del gobierno Santos, con el pretexto de la paz, lo que casi lleva a la presidencia a un personaje de la peor condición quien, con la falsa y arrogante ilusión de contar con más de ocho millones de seguidores, ha querido incendiar el país. Por suerte para nosotros y por desgracia para él, su vanidad no le permitió ver que sus acciones y palabras lo llevarían a cometer un autogol. Su imagen pública no podría haber quedado más maltrecha, luego de esta intentonas, dejando su futuro político hecho cenizas.

Esta vez la providencia ha estado a nuestro favor lo cual agradecemos con toda el alma. Pero hay un factor que quiero resaltar y es el de la madurez política que hemos venido cultivando en los últimos veinte años. Este comienzo del siglo XXI ha sido una prueba de fuego y motivo para nuestro crecimiento. Dice Carl Jung que “aquellos que no aprenden nada de los hechos desagradables de la vida fuerzan a la consciencia cósmica a que los reproduzca tantas veces como sea necesario para aprender lo que enseña el drama de lo sucedido. Lo que niegas te somete; lo que aceptas te transforma “. Todo el drama sufrido por los colombianos nos ha dejado grandes enseñanzas y hemos sabido aceptar la cruda realidad transformándonos para poder transformarla. Hemos dejado de forzar a “la consciencia cósmica” a repetir y repetir las desgracias del pasado.

Luego de pasar por esa zona de turbulencia vemos de nuevo el cielo azul para proseguir la ruta del progreso gracias a contar con un presidente que ha sabido mantener el timón en medio del huracán.

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