¿Por qué no ensayar con la derecha?

11 de noviembre del 2019

Por: Carlos Salas.

Ser o no ser uribista Opinión de Carlos Salas

El presidente Duque podría ensayar un giro a la derecha como lo hizo el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, con resultados extraordinarios, siguiendo el camino opuesto al de su famoso compatriota, George Soros, quien apoyó en su momento partidos anticomunistas para luego dar el giro a la izquierda.

A Duque, algunos derechistas, lo han querido estigmatizar ligándolo a Soros, por haberle dedicado un escrito hace años cuando todos le creían el cuento a ese especulador que se hacía pasar por Robín Hood.

Soros y Orbán representan dos visiones antagónicas entre las que se fueron construyendo luego de la caída del comunismo y el fin de la Guerra Fría hace treinta años. El campo de experimentación de estos dos personajes ha sido su Hungría natal. Soros, actualmente, es un promotor y un financiador decidido de diversos movimientos y ONGs de izquierda, no sólo en su país sino también  en buena parte del mundo libre. Especial atención ha puesto en el continente americano convirtiéndose en un factor de poder tanto en América Latina como, quien hubiera podido imaginar, en Estados Unidos. En Hungría ha venido perdiendo credibilidad en la población e influencia en el Parlamento como quedó demostrado con la aprobación de la ley “Stop Soros”.

Considero a lugar poner como ejemplo al poco mencionado entre nosotros Orbán,  en contraste con el archiconocido Soros, en un momento de incertidumbres como el actual porque tiene similitudes con lo que vivieron los húngaros a la caída de la Unión Soviética. Especialmente hay un punto en común con lo ocurrido en 1989 con la muerte del comunismo. La lucha de los húngaros por la libertad los llevó a enfrentar el cadáver del comunismo como ahora, en nuestra región, nos vemos enfrentando al socialismo del siglo XXI, esperpento parido por la revolución cubana que quedó huérfano y ahora es un cadáver más. Enfrentar muertos vivientes no es difícil si se tienen las agallas de un Orbán para mirarlos de frente y sin los temores con los que pretenden paralizarnos como cuando niños nos contaban historias de fantasmas.

Hungría pudo haberse convertido en tierra de nadie donde la izquierda hiciera lo que le viniera en gana como está ocurriendo en nuestros países. Tuvo la suerte de contar con un político que tiene las cosas claras y las expresa sin ambigüedades ganando, junto con su partido Fidesz¬Unión Cívica Húngara, la confianza y los votos de su pueblo. Logró salir adelante con acciones basadas en una política clara de derecha, muy lejos de las medias tintas de la “derecha cobarde” que con su condescendencia y titubeos termina convirtiéndose en idiota útil de la izquierda. Los resultados han sido afortunados en el campo económico y social. Un ejemplo a resaltar es como el gobierno de Orbán, encontrando un país en ruinas, logró pagar los préstamos contraídos con el Fondo Monetario Internacional y solicitado a sus funcionarios que cerrarán la oficina y se fueran porque en muchos años no requerirán de sus servicios. Una tasa de desempleo del 4 % y una altísima aprobación que contrasta con lo que los medios internacionales han querido presentar calificándolo de autócrata de ultra derecha a lo que son pocos los que le paran bolas.

¿Por qué no dejamos las cosas claras y hacemos un llamado desde la derecha a un país que es en esencia de derecha, a unirse para sacar adelante las reformas necesarias en bien de todos? Esto podría liderar en la región un cambio positivo cuando la muerte del castrochavismo es inminente. El clamor de los bolivianos, quienes con valentía derrocaron una tiranía de más de tres lustros, es el de una América Latina que quiere ir por el camino del desarrollo económico.

Esta es la oportunidad para el presidente Duque. Los bajos índices de aprobación demuestran que con tanta condescendencia las cosas no funcionan.

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