¡Dejen que llegue!

28 de julio del 2018

Por Jair Espitia.

Duque

No ha llegado y ya le achacan algunos de los problemas más agudos del país. Una lógica absurda que solo entienden aquellos que, al parecer, anteponen el “porque sí” al sentido crítico.

Me refiero al electo presidente Iván Duque, que sin empezar su gestión en el Ejecutivo, ya lo responsabilizan de acciones que son del exclusivo resorte del gobierno actual.

Hay opinadores tan exagerados, que lo único que falta (y hago uso de la hipérbole para ilustrar esto) es que le echen la culpa del invierno.

No hay duda que la oposición tiene un rol fundamental en el establecimiento de la democracia; la figura de contrapesos hace que se respete la Constitución y, en un país como Colombia, haya un freno disponible para el creciente sistema presidencialista. Un verdadero espacio de oposición es característica de la madurez política.

Especialistas consideran que la verdadera oposición es aquella que suma a través del debate, no aquella que se opone a cualquier iniciativa gubernamental porque simplemente su papel es el de obstaculizar.

Declararse en oposición al nuevo inquilino de la Casa de Nariño es absolutamente legítimo, pero es irresponsable ponerle cruces en la espalda de un gobierno que no ha iniciado.

Estos días, en lo que se está despidiendo el Presidente Juan Manuel Santos, varios de los ciudadanos que ya entran en el guayabo de su partida han recordado la paradoja en la que están, por cuanto hace ocho años se oponían a su llegada al poder solo por ser de la línea continuista de la llamada política de seguridad democrática, sin embargo hoy aplauden su gestión por el acuerdo alcanzado con las Farc. ¡Vaya sorpresa que terminó siendo Santos para ellos!

El gobierno entrante tiene la premisa de unir al país; eso implica una serie de decisiones que incluso podrían distar del uribismo extremo, ese que ayudó a llevarlo al poder, o del legado santista, pero que debe tomar para una Colombia mejor.

Iván Duque podría sorprender a cualquiera. Así que una oposición “porque sí” es injustificada. Por eso, a Duque, por el bien del país, ¡dejen que llegue!

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