Preparando el tarro de mermelada

16 de mayo del 2019

Opinión de Enrique Herrera

Preparando el tarro de mermelada

Desde hace un tiempo los jueces legislan, detienen licitaciones de obras públicas como la séptima en Bogotá y  también le “ordenan” al gobierno queriendo así ser gobierno. En otros casos politizan la justicia e identifican enemigos por el color de la ideología;  se dejan señalar y marcar ideológicamente como el caso de la Justicia Especial para la Paz –JEP- que la opinión pública identifica con la izquierda y afín a la FARC y también entraron al juego yo te nombro, tú me nombras.   

Al Congreso de la República le pasa algo similar. Quiere ser lo que no es:  Ordenador del gasto disponiendo del 20% de inversión del presupuesto general de la Nación para repartir en la regiones, las cuales dicen representar. Eso equivaldría a que cada congresista dispondría de 30 mil millones al año para repartir bajo criterios regionales y sobre todo, políticos y clientelares.

En ese sentido el Congreso aprobó, con una mayoría aplastante, en el sexto de los  8 debates una reforma constitucional que le permitiría a los legisladores gestionar de forma pública recursos de inversión para proyectos en sus regiones.

Ello tendría varios bemoles y para no decir que traería más de malo que de bueno para no usar juicios de valor, digamos que sería mas  lo inconveniente que lo conveniente porque seria la fruta podrida que pudre a las demás. Es el tarro de mermelada que se untaría en la galleta de la corrupción.  

Además, es una forma de privatizar lo que es público (el 20% del  presupuesto de inversión) al entregarlo a la gestión de los congresistas que no sería otra cosa que a la “disposición” de los legisladores y en este sentido a lo que  bien consideren. $30 mil millones anuales son, digamos, una bolsa de recursos para cada parlamentario. Un especie de banco privado puesto a su disposición para financiar proyectos que le ayuden a perpetuarse en el poder con votos y con plata.

También es inconveniente porque agranda la brecha intrarregional al no tener todos los Departamentos del país Senadores en el Congreso.

Igualmente descuaderna, por decir lo menos, la inversión pública al disponer que “por lo menos una quinta parte del presupuesto nacional de inversión se denominará Inversión de Iniciativa Congresional. El Congreso de la República, por iniciativa de sus miembros y con aprobación de las plenarias, podrá solicitar la inversión en proyectos específicos que previamente hayan sido aprobados por el Departamento Nacional de Planeación o priorizados en los Planes de Desarrollo Departamentales, Distritales o Municipales. En todo caso, en la sustentación de la solicitud de inversión, los congresistas tendrán el deber de hacer públicas las gestiones que hagan relacionadas con el presupuesto y estas tendrán que cumplir con los principios de eficiencia, transparencia y participación ciudadana”.

Ese será el barril de los puercos que enlodará a los Congresistas que dispondrán cada uno de 120 mil millones en su cuatrienio  para negociar con alcaldes, gobernadores y ordenadores del gasto del gobierno nacional los proyectos que se ejecutarán con los contratistas amigos y en los territorios donde tengan un fortín electoral.

Así pues, la manaza podrida tiende a dañar al resto y en esto de gobernar, legislar e impartir justicia cada quien debe estar en su redil. Cada loro en su estaca.

Por Enrique Herrera Araújo

@enriqueha

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