Presidente ¡fuimos derrotados!

28 de octubre del 2019

Por: Carlos Salas.

Ser o no ser uribista Opinión de Carlos Salas

Me ha quedado un sabor amargo luego de escuchar anoche la corta alocución del presidente en la que se sumaba al bando de los triunfadores: “Para quienes fueron elegidos mi mensaje es claro, este es el gobierno de todos los colombianos. Pueden tener la seguridad de que en mí y en todo el equipo del gobierno nacional encontrarán aliados…”. Da la impresión de que el presidente no se ha percatado de su gran derrota en esta contienda electoral en la que a su partido, el Centro DeMe ha quedado un sabor amargo luego de escuchar anoche la corta alocución del presidente en la que se sumaba al bando de los triunfadores: “Para quienes fueron elegidos mocrático, no le habría podido ir peor.

Las regionales son un termómetro de la aceptación del gobierno de turno y muestran que tan favorable o desfavorable se presentan las cosas en los departamentos y municipios para el desarrollo de sus políticas. La frase de Duque en la que afirma, una y otra vez, que es el presidente de todos ya no se la cree nadie. Nominalmente es el presidente de todos pero con la fragmentación que está sufriendo Colombia, terminará siendo el presidente de nadie.

En unas elecciones que fueron catalogadas como las más turbulentas de la historia por las amenazas a los candidatos, el asesinato de algunos de ellos, el riesgo electoral en decenas de municipios y un panorama nacional en el que el dinero del narcotráfico y la temible presencia de grupos armados financiados con esos dineros se mostraba cada vez más influyente en lo que podía pasar en las urnas, no se tomaron medidas preventivas dejando que cada cual hiciera lo que le vino en gana.

El vulgar robo de las elecciones por parte de Evo Morales nos hizo recordar con indignación e inmenso dolor como Santos se las robó a Óscar Iván Zuluaga. El Centro Democrático aceptó la derrota sin siquiera percatarse de un fraude que hoy todos reconocen como tal. A pesar de ese nefasto precedente no ha hecho nada, ni siquiera tomar las medidas preventivas para que no se siga repitiendo.

En la intricada madeja que han tejido los que pretenden tomarse el poder a como de lugar, es muy difícil seguirle el rastro al fraude. Las viejas maneras, como la compra de votos y las alteraciones de actas en la Registraduría, siguen aplicándose pero enredadas entre otras acciones como la manipulación de encuestas, la desinformación de los medios tradicionales y de las redes sociales, el lavado de cerebro desde los centros educativos, la colocación en las mesas de votación de jurados electorales afines a los partidos de izquierda y sus aliados politiqueros, la infiltración en las campañas, etc. Es casi imposible ir al fondo del asunto cuando vemos el total desinterés de parte del Consejo Nacional Electoral, de la Fiscalía, de los medios y, principalmente, de los partidos políticos que resultan apabullados pero conformes con las migajas que les dejan.

Lo que ocurrió ayer en Colombia era de esperarse pero sus consecuencias pueden llegar a ser más graves que en el pasado. Los triunfos milagrosos de las verdaderas mayorías colombianas como el logrado con el NO en el plebiscito o la elección del candidato del Centro Democrático a la presidencia, Iván Duque, han dado como resultado una peligrosa confianza de parte de nosotros a un sistema electoral que no da las garantías necesarias mientras que se percibe una mayor ofensiva de parte de los enemigos de la verdadera democracia para sacar provecho de las debilidades de ese sistema.

¿Qué se viene? Colombia está sentada en un polvorín que nos obliga a actuar con cautela, pero eso no significa quedarnos paralizados, ni que miremos hacía otro lado llenos de indiferencia porque la mecha en cualquier momento la encienden quienes, disfrazados de demócratas en épocas electorales, no cejan en su empeño de convertir a Colombia en una patria fallida estilo Cuba y Venezuela.

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